La distancia más corta
Dic 26th, 2008 por Eklipse
-Ve!
Giró sobre sus talones y comenzó a correr. Corrió como alma que lo lleva el diablo, atravesando el bosque, ignorando los caminos y los arroyos. Corrió como el viento, en línea recta, saltando matorrales, tropezando con el terreno, a tumbos, cayéndose y volviendo a continuar. La noche se cernía sobre el a medida que se acercaba al corazón del bosque. Lenta pero persistentemente el velo de la oscuridad caía y su habilidad para esquivar los obstáculos fue disminuyendo, mientras la vegetación cobraba tributo a medida que rozaba las cortezas, la tupida vegetación y los cardos.
Finalmente cuando ya no podía ver a un palmo delante suyo se detuvo y la noche lo envolvió con su manto.
Silencio.
Se detuvo a escuchar. Un ominosa quietud acallaba el bosque, y le pareció que el aire era más denso, incapaz de transmitir un sonido. Nada se escuchaba en la distancia. Con una corazonada, se tiró al piso y escuchó. Sabía que la tierra transmite el sonido más lejos que el aire. Apoyó un oído, sostuvo el aliento y se mantuvo inmóvil. Cuando le estaban por estallar los pulmones, exhalaba rápidamente y lo volvía a intentar. Nada. Comenzaba a perder las esperanzas. Avanzó quedamente unos pasos y volvió a intentarlo.
Un golpe sordo, muy débil, lo puso en alerta. ¿Sería producto de su imaginación ansiosa, que tanto deseaba un sonido? Se esforzó tanto que le pareció poder escuchar cada hoja posandose en el suelo. Desde el otro lado del bosque,surgía un apagado ritmo acompasado de golpes secos, inconfundibles para el. Estaba en el camino correcto!
Emprendió rápidamente la marcha, tanteando en la oscuridad, a golpes contra los troncos caídos, las piedras y los árboles. De a poco, en completa oscuridad comenzó a adaptar su andar. Intuitivamente podía saber si tenía un obstáculo delante suyo gracias a como se amortiguaban sus jadeos. Eso no evitaba que se tropezara de continuo con los pequeños promontorios y montículos y que rodara por el piso en más de una ocasión, arañandose con las piedras y plantas que su intempestiva carrera ponía por delante. Vagamente comenzó a apreciar la rítmica referencia. El sonido era vagamente audible en el aire. En su frenesí apenas cayó en la cuenta que llegaba a un claro. Un cielo estrellado le hizo ver que salía velozmente del bosque y se detuvo bruscamente al presentir peligro.
Hizo bien. Delante suyo el camino se terminaba de una manera que no podia explicarlo. Tal era la oscuridad que nada podía verse. Pero pudo sentir que los amortiguados sonidos de sus pisadas se disipaban en el aire. Ahí no había eco. Algo faltaba allí adelante ciertamente, ahí donde la vista se negaba a avanzar. Se encontró con un borde, y al aproximarse a el escuchó un suave murmullo. Algunos cantos cayeron cuesta abajo, pero no los escuchó llegar abajo. ¿Donde estaba?
En su pesquisa, pisó una madera, lisa, rugosa, apolillada y de rectilíneas terminaciones. Creyó distinguir unas cuerdas corroídas y entonces comprendió: había llegado al viejo puente!
¿Cuantas veces lo había cruzado en las primaveras? El robusto puente que unía los dos riscos, separados por el salvaje río que circulaba abajo, muy abajo. El breve puente que permitía acortar en una semana el viaje al otro lado del bosque. En definitiva, el viejo puente, el que cayó por su propio peso el pasado invierno…
Sopesó sus opciones, que eran más bien pocas. Necesitaría dos días completos sin comer ni dormir para descender por el valle, remontar el río hasta su nacimiento y llegar a su objetivo. Necesitaría tiempo. Y para ese entonces ya sería demasiado tarde.
El tiempo escaseaba. El camino del valle era inadmisible. Como vencer una realidad inescapable?
Mientras daba vueltas en estos pensamientos, cesaron los golpes en la distancia. Su corazón se encogió al perder el hilo conductor que lo guiaba en la oscuridad. En un instante aterrador, el único pulso de la noche se detuvo y lLa noche se congeló en un aliento contenido.
Pero allá en la distancia, una luz surgió entre las sombras. Y haciendo pequeñas cabriolas, realizaba su danza misteriosa. ¿Una fogata…?
La posibilidad de lograr su meta volvía a plantearse en ese rayo de esperanza, aunque de manera azarosa. Era un pequeño punto fijo de referencia y para el era suficiente. A medida que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, volvió a cavilar sus opciones. La suerte parecía haberlo guiado hasta ese lugar, pero era ilusorio. El Destino ya había prefijado su marcha de antemano.
Despues de un buen rato, comenzó a distinguir un pequeño promontorio que se alzaba a un costado. No era muy elevado, pero a veces las cosas pequeñas ponen a rodar las consecuencias más grandes. En el momento que se le ocurrió la posibilidad, un intenso escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Tuvo que convencerse que era en realidad la única manera, convencerse de que era posible y lo más difícil: convencerse de que no moriría en el intento. Era poner en la balanza el instinto de supervivencia, contra la urgencia del momento, la irracionalidad de un acto futuro.
Difícil equilibrio entre obedecer nuestros instintos más primitivos y tener el valor de ignorarlos por un bien mayor.
Solo deseaba que sus recuerdos fueran fieles y que realmente el puente fuera tan corto como lo recordaba . Con el corazón saltandole en el pecho, volvió lentamente hasta donde terminaba el claro, estimando la distancia necesaria para tomar impulso. Por un instante vaciló entre sus opciones, pero de a poco su resolución cobró peso y sus dudas se esfumaron.
Las estrellas parpadeaban, como pálidos testigos indiscretos. Allá a lo lejos, una llama fatua trataba infructuosamente de alejar las sombras. Mucho más abajo, un murmullo de agua serpenteaba raudamente haciendo silbar las negras piedras por sus orillas.
En una forma increíblemente veloz arremetió directo hacia el borde. Era un esfuerzo frenético, al máximo, sin vuelta atrás, sin posibilidad de reintentos. En el último segundo, se elevó hacia el promontorio, tensos los músculos hasta la ruptura , la mente en blanco. Un gemido de terror se le escapó mientras en un formidable salto su elástica figura volaba en plena oscuridad hacia lo incierto…
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Comenzó a despertarse a medida que la anestesia perdía su efecto. El techo blanco fue lo primero que pudo ver sin que estuviera borroso.
No podía incorporarse. Ambas piernas estaban enyesadas. El brazo derecho y su cabeza, vendadas. Tenía muchos dolores, pero menos que cuando se desmayó.
Falló en su intento de incorporarse, pero llamó la atención del leñador que sentado a su lado dormitaba de a ratos, esperando a que volviera en si.
-Eh, Vicente … – articuló con gran esfuerzo. En el accidente se había roto la mandíbula.
-Tomatelo con calma. Estás bien. Logré encontrarte. Ha sido un milagro.
Si, lo era en efecto. Entre sus confusos recuerdos comenzaba a acordarse: la canoa, … los troncos flotantes…las rocas… el choque entre los rápidos… Y lo más doloroso, cuando quedó aplastado en la orilla sin remedio. Y el desmayo. Luego no recordaba más nada.
-Gracias,,,, no atinó a decir otra cosa.
A medida que su mente dispersaba sus tinieblas, las dudas comenzarón a agolparse.
-Que día es hoy?
Vicente comprendía lo que pasaba por su cabeza :
-Hoy es catorce. Estuviste en coma una semana. El cuatro me avisaste que habías llegado a los rápidos. El seis tuviste el accidente, según creo…
Comenzaba a recordar. La radio rota… nunca pudo volver a comunicarse para pedir ayuda. Pensar que no le había dado importancia…
Sin embargo, algo no cerraba. Si el había llegado a los rápidos en una semana, como supieron un día despues que se había accidentado?
-Oye, entonces Sam…
Vicente le interrumpió:
-Sam llegó a tiempo para avisarme. Te ha salvado.
Claro… pero Sam precisaba varios días para volver por un camino imposible.
-Pero cómo…?
-No me explico – dijo Vicente – llegó en la noche, cuando estaba cortando leña, como siempre. Estaba hecho una pena sabes? Llegó arrastrandose con una fractura expuesta, no puedo imaginarme el dolor que ha pasado. Se quedó junto a la fogata, señalando en tu dirección. Cuando lo vi me di cuenta que estabas en apuros. Suerte que me dijistes donde ibas eh? Ha sido un milagro! un milagro!
Vicente lloraba de alegría mientras repetía las palabras. No todos los días uno rescata a su hermano de una muerte cierta.
-Donde está Sam?
-Está afuera esperando. Ya se encuentra mejor y quiere verte…Nunca comprenderé como lo ha logrado, pero ha hecho un milagro…
Afuera, Sam esperaba que su amigo estuviera mejor. De solo pensarlo, su cola se agitaba de la emoción…
Fin

La verdad muchacho , una obra de arte !!! Me encantó este cuento … me hizo poner la carne de gallina al final … Felicitaciones !!! Muy bueno !!!