Extremos De La Vida
Por Felipe el 9 agosto 2010

Cae la tarde. Una nueva tarde de otoño, serena, de cielo límpido, de aire tibio y perfumado. Muy lejos se oye el ruido urbano, bocinas, motores rezongando. Acá, entre los árboles, el canto de los pájaros alterado de vez en cuando por el sonido estridente de la sierra de Perdomo.
En el patio de grava, sentado contra la pared en un banco desteñido por los años está el abuelo. Es el abuelo Jaime que cuida a su nieta. Tiene el bastón entre sus manos y hace arabescos en el piso. Sus ojos detrás de los gruesos cristales se ven cansados, lagañosos, casi sin vida. Miran sin ver los dibujos que va formando en el suelo ensimismado en recuerdos de hechos que janolaron su vida. De vez en cuando recupera su ìmportante misión de guardián y tutor de Clarita y entonces levanta su cabeza y su rostro se altera. A veces arrugando su frente y anunciando peligros inexistentes alza la voz en señal de advertencia. En otras sonríe y contesta con monosílabos las palabras que, inconexas, modula su nieta.


(1 votos, promedio: 4,00 sobre 5)
(4,75 sobre 5)