Los Ojos Del Payanés

El sol caía cada tarde desde el cielo naranja

Hasta los techos de las casas blancas

Hasta el campanario de la iglesia blanca.

La misma hermosura se repetía y se repetía

En ese pueblo de balcones antiguos,

En esa tierra de seductora tranquilidad.

 

Allí,  vi imponente  una oscuridad,

Tan intensa como la claridad de las mañanas,

Tan profunda como el río de los caucanos.

Eran unos ojos negros que saludaban,

que hablaban de solo bondad,

que mostraban la fuerza de un corazón.

 

Dios bendiga al dueño de ese negro,

Al ejecutor de notas graves,

Al cantor de melodías alegres.

Quiera mi Dios, que también es el suyo,

Volverle a ver más pronto que tarde,

Volver a temblar frente a  esa mirada.

 

Gracias al pueblo de ancestrales calles,

De puentes que humillaban,

De próceres que hicieron historia.

No tardare en pisarle de nuevo,

A reclamar a uno de sus hijos,

A aquél que desde marzo es mío.

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