La niña de la caja (Prólogo)

Contemplaba esa noche la luz amarilla que provenía de la luna, aquella que en mucho tiempo no pude ver.

Esa madrugada  con apenas 10 años madre me había dejado en un lugar donde ni las ratas querían estar, con tan poca edad todo me parecía desconocido y por tan mínimo detalle me acurrucaba en un rincón para ocultarme de las terribles sombras y alejarme de esos molestos chillidos, ¿Cómo podía madre abandonarme? pensaba, ”No, no, no, seguro que ella volverá…. solo se le hizo un poco tarde , como en la escuela” me decía a mi misma con una sonrisa en mi rostro queriéndome creer aquella mentira, pero con lágrimas en los ojos al saber que no regresaría.

Las noches se me hacían largas, el día demasiado aburrido y mi estomago parecía reconocer aquella sensación, ¿qué pasaría si me fuera? ¿ y si madre viene y no me encuentra? ¿ la espero o la busco? esas y mil preguntas más vagaban por mi mente sin saber la respuesta a ninguna de ellas.

Un día me di cuenta que si seguía ahí moriría, claro yo no sabía esa palabra, pero si sabía que mi estomago rugía de hambre y mi garganta de sed, tanta era mi desesperación que no pude soportar un minuto más en ese  lugar, quizás si volvía madre y no me encontraba seguramente yo la encontraría a ella.

 

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