CRISTOFER

 

Los pequeños susurros de la mañana Son aquellos versos inefables de un hombre sin propósito alguno.

Que a medida que pasa el tiempo vive experiencias etéreas que tiene que acarrear en sus hombros por falta de conocimiento alguno  sobre la época en la que está sometido, sin instrucciones que lo puedan encauzar  en el camino  conveniente para encontrar la completa liberación de sus  emociones efímeras que anuncian una pronta solución a lo que tanto estaba deseando su corazón.

El melifluo del viento lo acompañaba en las noches de poca luminiscencia  por parte de esa luna opaca que siempre le daba posada debajo de su gélida sombra.

En sus sueños se repetía  un tosco nudo de interminables elocuencias que  lo atormentaban  causando el sonambulismo de su cuerpo.

El arrebol de las nubes  junto con la incandescencia del astro sol lo despertaban, Sus dos ojos se abrían poco a poco y se asombraba por la iridiscencia producida por el ocaso, desbordándose  sus pensamientos  y dándole a su alma un nuevo comienzo en donde la epifanía de su familia  lo pudo acoger y nunca más dejarlo ir.

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