Conspicuo Ensueño…

CONSPICUO ENSUEÑO…

Hizo un día de sus manos
el blanco azahar con los ramos
cogidos, hallándolas tan lozanas
meneandolas al aire de los álamos
qué al alba la noche más amaba
qué eran en la flor tornadizos.

Harina y trigo llevan su ropa
donde el fuego echó las cartas
graciosas en el mirar ganado
donde músicas y tañeres se vuelven
humanos sentidos todos ligeros
donde consigo la gente lloraba.

Y para el cielo huyeron todos,
a combatir, suben al firmamento,
sin mudanza de la templanza,
donde escarchada la cumbre está.
¡Sí, sí, mírala como está toda toda
en su lozanía, una flor y hoja seca!.

Su autoridad y majestad no pierde,
ni quita al decoro su color,
ni al pordiosero ni al noble…
¡Pues, de sus manos, un día hizo,
entre los álamos la noche!.
Y el fuego las cartas echó ahí.

Y de la piedra que canta,
los peces calientes ríen,
al río encendida lámpara.
Por eso, las noches menos son
del fresquísimo rocío lágrimas,
tanto hondo abismo y fulgor.

En la embestida brutal, una vida,
Abierta, de esperanzas sombría,
en el canto, párpado doloroso,
oculto, brilla un deseo, su flor.
Blanca dulzura de luz luz toda,
con el velo en fragante vuelo.

Hendido el rayo le ha salido,
como hubiera sido uno ajeno,
bueno en las amarguras viejas,
dulce miel, entre sus colores.
Porque el rojo ardiente bebía,
y alumbraba. El camino y la ribera.

¡Bendita ilusión inquieta!
¡El ensueño de ese día!
Conspicuo más y más.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)</strong
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