Domie Y La Tienda De Miedos

De niño fue muy, pero muy miedoso, bastante imaginativo y con pocos amigos. Un día, se le ocurrió guardar sus miedos en cincuenta  frascos de vidrio y los puso debajo de la cama.

Su tranquilidad no duro mucho, el  perro entró al cuarto y tumbó todas las botellas. En ese momento, Domie,  le pidió ayuda a su mamá para sacar aquellos espantosos mounstros. La madre consiguió botellones con tapas de metal, los envasaron y llevaron al cuarto de cosas viejas.

Ante tanta paz y felicidad, sus padres le pusieron a clases de  karate para que aprenda a defenderse, teatro para ser desenvuelto, música para que la gente lo aplauda y oratoria para perder el miedo a hablar en público. El chico andaba tan ocupado que ni tiempo tenía para pensar en los miedos.

Pasaron los años, se hizo adulto, sus papas se fueron a recorrer el mundo y le dejaron la casa. Poco a poco, sentía que los miedos iban regresando. Antes de acostarse, escuchaba voces que gritaban ¡Domie sácanos de aquí!, ¡queremos ser libres!, ¡déjanos salirrr…!.

Como no dormía  bien, su rendimiento en su centro de labores había disminuido. Su jefe le dio descanso para que se organice y regrese a laborar con tranquilidad. Aprovechó ese tiempo en limpiar los ambientes de la casa. Cuando le tocó entrar al cuarto de cachivaches, se puso helado, quiso salir corriendo. Pero, hubo algo más fuerte, que lo hizo quedarse . Abrió la caja y miró los frascos como si fueran tesoros, sus ojos brillaban más que antes. Hasta pensó en hacer dinero con ellos. Se río, cerró el cajón  y olvidó esa loca  idea.

Después de varios días, decidió vender la casa y renunciar al trabajo. Se fue a vivir a un pueblo llamado Valentí. En la mudanza,al ver otra vez la caja de miedos, se animó a abrir una tienda. La primera semana, la gente entraba y salía, sin comprar nada.  Al mes solo vendió dos frascos de miedo al cuco y estaba pensando en cerrar.

Si no fuera por, la directora de un colegio, que se llevó  doce frascos de miedo;  a la tabla de multiplicar, a hablar en público, a los gritos de los profesores y a sacarse mala nota, a llegar tarde a la escuela y el miedo a contestar a los adultos. Con esa magnífica venta se animó a continuar y  contrató un ayudante , mientras él se iba a recolectar más  miedos. Los  que más se vendían, eran los miedos al cuco, a los médicos, a los policías, a contestar a los adultos y a reclamar.

Cierta  tarde, tres hombres entraron  a robar.  Al sentir esas energías, los miedos se enojaron y salieron de los frascos. Apoderándose de aquellos tres y de cuanta persona o animal que viviera en aquel pueblo. Algunas personas tenían de cuatro a cien miedos. La mayoría se sentía cansada, con mucho sueño y miedo a salir a la calle, a ser atropellados, a que les roben, a los extraños y muchos otros.

Valenti, se convirtió en el pueblo más ocioso y miedoso del mundo. Aquella situación extrema llegó a oídos del gobernante del país. Quien tomó la decisión de consultar a expertos para ayudarlos. Los especialistas indicaron hacer talleres de arte y creatividad en colegios, bibliotecas, plazas públicas, parques, parroquias, mercados y de casa en casa.

Al cabo de  siete meses, todas las personas lograron empequeñecer sus miedos. Y  aquel pueblo temeroso, volvió hacer el de antes.  Nunca más se dio permiso para que alguien ponga una tienda de miedos.  El señor Domie desapareció , algunas personas que lo vieron, dicen que se cambio de nombre y ahora vende pócimas de bravura.

 

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