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Cuentos y Poemas

Alguien escribió lo que querés leer y está acá. Animate a escribir vos también.

Recuerdos

Por emma el 10 agosto 2011
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No importa cuántas veces intente olvidar, los recuerdos siempre regresaran. Las cosas que me unen a esos recuerdos aunque las saque de mi vida mis lágrimas seguirán rodando. Las lágrimas que he desperdiciado por tanto dolor un día serán secas. Lo que no lograre entender nunca es porque las personas que creías perdidas regresan para causarte más dolor del que te hicieron y las que nunca dieron dolor desaparecen sin regresar.

Las memorias se quedan siempre cerca, se vuelven vividas con solo una caricia, acción, sentir, e inclusive por un aroma. Las hace más dolorosas saber que ya no existen y quedaron en el pasado, pero dime por que el pasado siempre parece presente y el presente futuro. Acaso nadie puede dejar el pasado doloroso y punzante para poder salir adelante o es que nos hemos vuelto en los segundos que vivimos masoquistas.

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Creer O No Creer?

Por emi_cuenta_cuanto el 30 julio 2011
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Lo que uno cree, es algo impulsivo que nos lleva a muchas cosas ilustrativas.

Creer es sentir algo por dentro que expresa algo que uno cree que existe o existió.

Uno cree, muy fácil, por una religión , costumbre, etc .

Pero lo que uno cree es tan fuerte que lo transmite a otras personas, que no creían y pasaron a ser creyentes de algo que fue transmitido, de algo que nunca fue visto.

Eso se transmite de generación en generación , como  creer en dios.

El que no cree es porque duda de algo que nunca vio, de algo contado, de algo escrito o visualizado.

NO CREER ESTA BIEN. Cada cual tiene sus creencias y cree en lo que guste.

La Verdad Del Mundo

Por AMO el 22 enero 2011
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La verdad del mundo es una trompada. El mundo no es blandito ni rosa, es vertiginoso y sangra.

El verdadero amor es violento, la verdadera violencia es sin golpes, los golpes son mentira y el amor trata de explicar la verdad del mundo.

La verdad del mundo es un grupo de ordenadas hormigas y el árbol que me mira mientras el viento le baila las hojas. La verdad del mundo no es un diálogo de cotorras.

La verdad del mundo es interrumpida por personas que se creen que tienen luz.

La verdad del mundo es, sin dudas, mis hijos gritando cuando juegan. La otra verdad del mundo, de la que debo protegerlos, es la hipocresía (cara y barata).

La verdad del mundo también es la muerte y es una verdad de mierda. Las enfermedades son mentira. La cagada es que también las mentiras son la verdad del mundo.

La verdad del mundo son y no son las quejas, pero seguro que sí son las alegrías.

La verdad del mundo es penetrarla y gozar. Fingir es verdad también.

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Extremos De La Vida

Por Felipe el 9 agosto 2010
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viejo

Cae la tarde. Una nueva tarde de otoño, serena, de cielo límpido, de aire tibio y perfumado. Muy lejos se oye el ruido urbano, bocinas, motores rezongando. Acá, entre los árboles, el canto de los pájaros alterado de vez en cuando por el sonido estridente de la sierra de Perdomo.

En el patio de grava, sentado contra la pared en un banco desteñido por los años está el abuelo. Es el abuelo Jaime que cuida a su nieta. Tiene el bastón entre sus manos y hace arabescos en el piso. Sus ojos detrás de los gruesos cristales se ven cansados, lagañosos, casi sin vida. Miran sin ver los dibujos que va formando en el suelo ensimismado en recuerdos de hechos  que janolaron su vida. De vez en cuando recupera su ìmportante misión de guardián y tutor de Clarita y entonces levanta su cabeza y su rostro se altera. A veces arrugando su frente y anunciando peligros inexistentes alza la voz en señal de advertencia. En otras sonríe y contesta con monosílabos las palabras que, inconexas, modula su nieta.

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Cirrosis

Por Felipe el 10 febrero 2010
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Clodoveo Márquez despertó muy, pero muy temprano ese, su último día. Serían poco más de las cuatro de la mañana cuando, después de darse varias vueltas en la cama, prender la luz, acariciar al perro que reclamaba comida, codeó a su mujer para que despertara. Ya era hora de iniciar la jornada con el mate mañanero. Micaela estaba acostumbrada a esos despertares tempraneros e  intespestivos. Lo miró de soslayo, se restregó los ojos que todavía reclamaban por más horas de sueño y calzándose perezosa sus chancletas salió casi a oscuras, arrastrando los pies, hacia la cocina.

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Estos últimos días habían sido difíciles para la familia. Clodoveo casi no dormía o dormía a cualquier hora, cuando sus dolores le dejaban. Todos estaban pendientes de él.  Había que comprar medicamentos que siempre  resultaban costosos para los menguados ingresos del hogar. Las tareas que realizaba Micaela en el quiosco que habían instalado en la pieza del frente  se veían siempre interrumpidas por visitas al hospital para una nueva consulta o a la farmacia para una nueva compra de medicamentos. El hombre comía poco y mal. Encontraba desabrida la comida, sin gusto decía el viejo.Entonces gritaba tan fuerte que todos los vecinos se enteraban de que era lo que en casa de los Márquez se había servido ese día. Los gritos hacían también que los perros corrieran temerosos en busca de refugio debajo de la cama. En algunas ocasiones el plato iba a estrellarse en el fregadero. Los pedazos de porcelana quedaban un rato esparcidos por la humilde cocina y los restos de comida por cualquier parte. Caravana, la gata y Tricolor, el perro predilecto, limpiaban luego a conciencia los restos de este incidente. Mucho más tarde, cuando a Micaela se le calmaba el llanto, lavaba reiteradamente su cara mofletuda y enrojecida, se peinaba un poco el pelo que en estas ocasiones siempre resultaba vigorosamente rebelde, concurría con un balde de agua jabonosa a limpiar el resto.

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