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Cuentos y Poemas

Alguien escribió lo que querés leer y está acá. Animate a escribir vos también.

Detectives

Por emme el 1 marzo 2011
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En una habitación de paredes blancas, pisos de madera opacos de tantas pisadas Juan fumaba un cigarrillo atrincherado detrás de su escritorio. Estaba abstraído mirando las fotos de un caso bastante extraño que le traía recuerdos olvidados.
Suena el teléfono y lo devuelve a la realidad de repente, era el comisario Ortiz:
¡De la Serna!… Tengo noticias de tu caso ya esta la autopsia, el forense quiere verte…
Voy para allá –Responde apagando el cigarrillo en un cenicero poblado de colillas y se marcha…

La calle estaba húmeda, gris y fría pero nada detenía a la agente Gutiérrez iba camino a la morgue judicial para enterarse de las nuevas novedades de un caso de suicidio bastante dudoso se trataba de una joven de unos 29 años con un disparo en la sien encontrada en los alrededores de una villa de emergencia, en el departamento de un anciano indigente que usurpó esta vivienda abandonada. Ella se llamaba Rita Olmedo, oriunda de Chile no tenía hijos ni familia en el país, trabajaba en el centro como recepcionista en un hotel del centro fue reportada desaparecida por sus compañeros de trabajo hace quince días, se encontró un arma calibre 32 en el lugar del hecho, y una carta de despedida bastante rara que según sus conocidos no correspondería a la víctima.

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Camaleones Y Mariposas…

Por JACR0706 el 6 diciembre 2010
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Como en otros ciclos, la oruga comienza su transformación a mariposa. Su capullo cuelga frágil de una rama.

Puede ser primavera, aunque no necesariamente. Es mi mundo, yo lo he creado con mi propio código de palabras y de imágenes. Y el orden, la secuencia de los espacios es absolutamente mía.

La oruga se despoja de su vida previa, la de oruga, y lentamente comienza a llenarse de promesas de vuelos, de colores y de mil aromas. La mariposa que aun no es tiene curiosidad del mundo al que llega y se apresura en abrir sus ojos pequeños. La luz intensa duele cuando golpea sus retinas y dibuja en ella árboles y flores. Parece hermoso.

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La Ventana Discreta

Por Gustavo Merino el 5 octubre 2010
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 “Mama siempre decía que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar”. Forrest Gump

   
LA VENTANA DISCRETA

A Nora

 I

Desde que nací resido en la vivienda que fuera de mis abuelos maternos. Mamá la heredó cuando efectuaron la partición con tío Poroto. En el frente siempre hubo un local que durante años se arrendó para almacén. A comienzos de los noventa, con la llegada de los supermercados, don Cholo cerró la despensa y los inquilinos se fueron sucediendo sin demasiada suerte. Si mal no recuerdo hubo una verdulería, un video club, una remisería, un taller de pintura y un quinto rubro que mi memoria por algún motivo habrá olvidado. Todos se fueron antes de finalizar su contrato. Por suerte, unos meses antes de que mamá falleciera, se instaló Guido, un excéntrico vidriero que suele alumbrar mis días de extrema oscuridad.

Detrás del local hay un tipo casa de tres ambientes con un frondoso jardín, poblado por mis más preciadas glicinas, geranios y malvones.  En el fondo hay otra vivienda un poco más grande pero más antigua y señorial. Los dos inmuebles tienen una única entrada por un pasillo en común donde aún reluce un reloj Paddington 1888, que trajo el abuelo Lalo cuando el General nacionalizó los ferrocarriles ingleses.

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Cirrosis

Por Felipe el 10 febrero 2010
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Clodoveo Márquez despertó muy, pero muy temprano ese, su último día. Serían poco más de las cuatro de la mañana cuando, después de darse varias vueltas en la cama, prender la luz, acariciar al perro que reclamaba comida, codeó a su mujer para que despertara. Ya era hora de iniciar la jornada con el mate mañanero. Micaela estaba acostumbrada a esos despertares tempraneros e  intespestivos. Lo miró de soslayo, se restregó los ojos que todavía reclamaban por más horas de sueño y calzándose perezosa sus chancletas salió casi a oscuras, arrastrando los pies, hacia la cocina.

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Estos últimos días habían sido difíciles para la familia. Clodoveo casi no dormía o dormía a cualquier hora, cuando sus dolores le dejaban. Todos estaban pendientes de él.  Había que comprar medicamentos que siempre  resultaban costosos para los menguados ingresos del hogar. Las tareas que realizaba Micaela en el quiosco que habían instalado en la pieza del frente  se veían siempre interrumpidas por visitas al hospital para una nueva consulta o a la farmacia para una nueva compra de medicamentos. El hombre comía poco y mal. Encontraba desabrida la comida, sin gusto decía el viejo.Entonces gritaba tan fuerte que todos los vecinos se enteraban de que era lo que en casa de los Márquez se había servido ese día. Los gritos hacían también que los perros corrieran temerosos en busca de refugio debajo de la cama. En algunas ocasiones el plato iba a estrellarse en el fregadero. Los pedazos de porcelana quedaban un rato esparcidos por la humilde cocina y los restos de comida por cualquier parte. Caravana, la gata y Tricolor, el perro predilecto, limpiaban luego a conciencia los restos de este incidente. Mucho más tarde, cuando a Micaela se le calmaba el llanto, lavaba reiteradamente su cara mofletuda y enrojecida, se peinaba un poco el pelo que en estas ocasiones siempre resultaba vigorosamente rebelde, concurría con un balde de agua jabonosa a limpiar el resto.

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Jeremías Pescador…

Por Felipe el 1 febrero 2010
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Jeremías es viejo ya. Pescador curtido de horas salitrosas y solitarias a la orilla del mar. Heredó de sus padres el oficio cuando vivían allá en Punta del Diablo, en costas rochenses. ¡Qué tiempos aquellos!. Nunca dijo mucho su padre de sus antepasados y entoces esa parte de su historia personal es borrosa. Pero de niño se ve siempre en la tediosa tarea de colaborar en los remiendos de las redes que  tenían brechas que componer o encarnando al sol de la playa los interminables palangres. ¿ Y las gaviotas?. Siempre le fastidiaron con ese revolotear en torno a la mesa de faena que el viejo armaba bajo el reparo de un pedazo de lona desgastada. O cuando, sin más que hacer se agrupaban en bandadas cerca del agua y contemplaban en horas interminables el ir y venir de las olas… Algunas entonces, se acicalaban las plumas. Otras ni eso.  Mustias y silenciosas esta vez al sol.

 Madres, Jeremías tuvo varias y ninguna . Padre si, Don Tobías, como le decían todos. Nunca supo por qué las mujeres aquellas que llegaban al rancho de costaneros y que se hacían llamar mamá se transformaban en contacto con el aire y el salitre de Punta del Diablo y después sin aviso, desaparecían. Al comienzo se iban adelgazando más y más y al mismo tiempo sus pieles blanquecinas primero pasaban  por un arrebato rosáceo, se iban oscureciendo  luego y por último escamaban la piel renegrida, casi verdinegra. Cuando en sus últimas etapas en el rancho por casualidad sonreían ante una buena jornada de pesca o una áspera caricia de su hombre  sus dientes resaltaban en sus figuras escuálidas. Sus ropas elegantes e inapropiadas para el lugar se transformaban en girones irreconocibles luego.

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