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Cuentos y Poemas

Alguien escribió lo que querés leer y está acá. Animate a escribir vos también.

La Muerte De La Vieja Elena

Por Felipe el 11 enero 2010
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malvon

Jueves 4 de junio

Melchor tuvo que asistir a los vecinos cuando sorprendidos por la ausencia de Elena dieron cuenta a las autoridades. Él era vecino de puerta y además hombre de pelo en pecho y espalda cuadrada. Cuando a grito pelado Luisa y Tomasa le interrumpieron el desayuno para pedirle que les acompañara hasta la casa de Elena él se calzó las alpargatas y salió decidido. ¿Cómo  no alarmarse si hacía días que no se la veía a Elena ni regando sus plantas ni llevando a su nieto a la escuela ?. ¿Qué estaba pasando entonces?. Al principio puras especulaciones: ” habrá ido a Montevideo”… ” Estará otra vez disgustada con la hija…” . Después aparecieron comentarios alarmistas, principalmente cuando por la mañan le preguntaron a  Elisa,   que estaba en la parada del ómnibus, por su abuela y ella contestó con un signo de interrogación. La había visto por última vez  el sábado, día en que pasó por la casa a “pedirle unos pesos” para poder ir a bailar con Juanchi. En los últimos tiempos iba poco porque al decir de Elisa “la vieja estaba insoportable”.

Cuando Melchor, a pura fuerza bruta, logró violentar la puerta que estaba cerrada con llave, salió un terrible olor nauseabundo. Un olor mezcla de carne podrida y a gas que invadió el ambiente… Algunos vecinos se taparon la cara y dieron varios pasos hacia atrás. Otros, por el contrario, como atraídos por la fatalidad querían entrar a la vivienda. Murmullos. Incoherencias. Diálogos entrecruzados. La policía recurrió a los bomberos para que, con ayuda  de máscaras se introdujeram en la casa, cerraran la llave del gas y abrieran las ventanas de par en par. Hombres y mujeres, atraídos por lo macabro de la escena, se apretaban unos contra otros en un afán de ver más y mejor para  satisfacer su morbo y poder contar  de primera mano lo ocurrido. Los oficiales, visto lo inútil de sus esfuerzos los dejaban hacer y sólo se preocupaban por “tapiar”  la puerta de ingreso. Algunas macetas y tarros rodaban por el suelo. El milico Mechoso, quizás por los años, más acostumbrado a ver casos como este fue el que hizo un primer relevamiento de la situación y el que acompañó al doctor Rodríguez quien, desde lejos diagnosticó la posible muerte de la vieja por envenenamiento producido por  escape de gas aunque  habría que hacerle la autopsia correspondiente. Eso era lo evidente. Sacó del grueso maletín su libretita y allí garabateó presuroso algo que apenas un entendido podría descifrar y salió casi corriendo llevándose a los curiosos por delante.

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El Día Menos Esperado…

Por Soledad el 22 diciembre 2009
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En un segundo toda mi vida pasó frente a mis ojos, desgraciadamente tuve que presenciar dicha escena,  por un instante pensé que no podía respirar, mis ojos se dilataron y mi piel se volvía blanca como un papel. No sabía si escaparme o quedarme quieto en silencio,  en ese instante escuché otro disparo que me dejó completamente aturdido, los segundos parecían horas y sin saber lo que estaba haciendo empecé a correr desesperadamente sin mirar atrás, la suerte estaba echada. Cuando mi mente decidió parar la inercia de mis pies no lo permitían, finalmente  logré que mi cuerpo vaya descendiendo la velocidad lentamente hasta que pude frenar, el corazón latía ferozmente y la respiración no se podía regularizar. En ese preciso momento volteé y estaba solo.

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Mi Eterna Historia

Por Omy el 18 diciembre 2009
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La visita de Lucius

Una sombra sale la nada en medio de una oficina cerrada,se escucha una voz decir:
-Me temes tanto que casi puedo sentir el sonido de tu orina queriendo salir-dice el hombre al tiempo
que toma asiento frente a un asustado escritor.
Alto,con el pelo cayendo sobre los hombros y de movimientos refinados,continúa diciendo:
-He demorado en encontrarte… -dice mirándole a los ojos vacilante con una sonrisa en los labios
y una rabia en la mirada paralizante -Aún no se como siendo tan débil la encuentres antes que yo.
-Quién es ud?Cómo ha entrado en mi casa?
-Mirame bien Albert, y busca en tus mas profundos recuerdos la expresión de mi rostro.Por qué
te sientes en confianza si jamás me has visto, por qué sabes que tenemos un viejo conflicto si aún
no he dicho nada?.Todo esta en tu memoria adormecido por el nacimiento.
-He soñado contigo, pero quien eres?
-Te contaré el principio de una historia eterna:

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El Vil Minotauro

Por Fredick el 5 diciembre 2009
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La fría brisa de la mañana que avanza viajaba por los verdes campos y hacía danzar a los árboles de una manera pacífica. La pureza del frío aire de campo inundaba los cuerpos de los campesinos que comenzaban las labores diarias y obligaba a los jóvenes a quedarse entre sus fincas al lado del cálido fuego de la hoguera.

Para mal de aquel otro que yacía encerrado algunos metros abajo de la tierra, no sentía la pureza del exterior y se aburría acurrucado entre una precaria cama de pajas. Su única diversión era pensar en su terrible pasado y lamentar el futuro que no prometía ser mejor.

Alzó la cabeza y dio un profundo respiro, sintió el común aroma de la comida que estaba por llegar, se incorporó lentamente y las gruesas cadenas a las que estaba aprisionado emitieron un metálico ruido.

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Conversando Con San Pedro

Por Felipe el 9 octubre 2009
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o_San Pedro Puertas del Cielo

Santiago Otamendi Saldivia no conoció en su  larga y peregrina vida otra actividad más importante que el salir a vender ropas al interior del país. Solo pasaba por su casa por tres  motivos: reponerse un poco de las agotadoras giras al interior, preparar una nueva ronda de negocios y también,  consolar a Rosa María, su mujer casi siempre sola y aburrida. Compraba ropas que conseguía a buen precio en algunas fábricas del Cerro por defectos en la elaboración o que estaban en depósito porque la confección no encontraba salida alguna en el mercado. El se las ingeniaba bien  para disimular sus defectos y transformar con palabras lo que era una mercadería “invendible” en una prenda ” extraordinaria e imprescindible”. Siendo apenas un muchacho ya recorría de la mano de su padre pueblos, villas y ciudades del interior, llevando siempre abultadas valijas en que transportaban las muestras de los artículos que pretendían vender. Aprendió así, rápidamente, el arte de sonreír con frecuencia, aunque tuviese ganas de llorar,  de disimular angustias y dolores, a llamar siempre por sus nombres de pila a los clientes…. Mientras viajaban el padre para entretenerlo le hacía jugar a recordar nombres… Nombres de ciudades y pueblos… Nombres de calles, avenidas y comercios… Nombres de clientes… Durante un mes andaban en el litoral, sobre el Uruguay,  al mes siguiente  los puntos distantes de Artigas y Rivera… Santiago Otamendi llevaba una vida muy dura, con muchas horas sobre el tren o los ómnibus de transporte público. Durmiendo en pensiones las más de las veces. Teniendo  pocos y fugaces encuentros amorosos,  en ocasiones muy especiales visitando algunos prostíbulos de los que salía con un dejo de profunda tristeza… De cualquier manera, las largas charlas con estas mujeres, a las que siempre dejaba alguna prenda, le servían para conocer algunas realidades del pueblo o ciudad. Principalmente las noticias que eran el tema del momento en los corrillos públicos.  Tenía así ciertas referencias de los acontecimientos publerinos y de  como se venían desarrollando la actividades  en las tiendas y boutiques .  A las enseñanzas paternas, muy valiosas todas, por cierto  y en particular, las referidas a los manejos de los créditos, Don Santiago Otamendi, a sus casi setenta años, le había agregado dos nuevas habilidades que facilitaban sus relaciones comerciales. Llevaba siempre, en el interior de su infaltable saco azul marino con botones dorados, una libretita más negra que blanca y con algunos manchones de grasa,  en donde acostumbraba a garabatear algunos datos anecdóticos que recogía en los lugares que visitaba. Allí estaban: un nuevo nacimiento, la enfermedad de un cliente o  familiar del mismo, un  casamiento reciente, una pelea conyugal… Las disputas de una herencia… Estos datos los transformaba luego en provechosos recursos para reiniciar tertulias interesantes y entretenidas de nuevas rondas de negocios, a veces mucho tiempo después. También desarrolló, casi sin darse cuenta,  una habilidad largamente aplaudida por los demás, de narrador de cuentos. Es más, en muchos lugares se trataba siempre de organizar las actividades de tal manera de poder escuchar alguna de sus muy entretenidas narraciones, las más de las veces muy graciosas. Eran otros tiempos … otros momentos…Los relojes marchaban mucho más despacio … La televisión ni tampoco la computadora nos robaban nuestro tiempo porque, sencillamente, no existían… Una vida con el otro…

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