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Nuestro asunto pendiente – Comentario

Nuestro asunto pendiente – El asunto pendiente de Diana es el inicio de una novela con personajes que guardan un pasado que amenaza volver al presente.

Hola soy la autora de esta historia que la he llamado Nuestro asunto pendiente, es una historia sobre Diana, una joven que perdió tragicamente a los miembros de su familia tras un día en el cual ella no se encontraba en el lugar, por ello se dice que burló a la muerte, ella logró ver la escena donde su casa es destruida y ahora solo quiere justicia.

Esta historia se me ocurrió unos años atrás y ahora recién lo he adaptado a la estructura de un relato y he podido compartirlo en este espacio.

En cuanto a los planes con esta historia, planeo continuar a los anteriores capítulos subidos: Nuestro asunto pendiente – El asunto pendiente de Diana 1, 2, 3 con la parte 4 y quizá aun no sé la 5 y luego continuar con Nuestro asunto pendiente – El asunto pendiente de Vicent el cual también será subido en partes.

Estoy muy entusiasmada por la realización y publicación de esta historia. De hecho al inicio había planeado que Diana sea un poco más grande y que sea violenta, pero preferí por la de ahora, la cual se resiste a ser igual que el ser que le trajo sufrimiento.

Espero que se entretengan y esperen el próximo capítulo como yo, sin más que decir los dejo.

Saludo a todos los cyberlectores!!!!

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A-mar nunca termina

El fin de llover es calmar la envidia del mar al ver, la tierra sobre las aguas. Algún rastro de piel aún envidia volver, a las mismas palabras. Y si puedes ver, entonces no hay que temer. El tiempo es inmortal. Mientras el mar sea mar y la lluvia sea sobre la tierra, en aquellos contados tiempos, podremos vernos eternos… por siempre.

Aun cuando se marchará la lluvia y se reconciliará el mar con la tierra. Y si los rastros de piel volvieran a rozarse, con las mismas palabras de la primera vez. Tal vez veríamos temores desvanecerse y al tiempo deteniéndose entre los dos. Probablemente seriamos, la única existencia, sin lluvia no hay mar ni tierra. La única existencia, por siempre.

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TIC TOC COCO!!!

Abrí los ojos somnolientos, apenas podía distinguir que me encontraba en mi habitación. Con algo de sueño me levanté y con pasos temblorosos me dirigí al baño, eran las 6:38 de la mañana, sentí un sabor a sangre en la boca y un líquido que brotaba de mis encías; pronto, el líquido se tornaba mayor, tanto así que ya no me era posible tragármelo, debido a eso, comenzó a emerger por mi boca, el piso de cerámicos blancos ahora tomaba un color carmín, entonces realicé que el líquido era sangre, fue así como levanté la cabeza para poder observar la herida de la que salían litros de sangre, al verme en el espejo, me horroricé de forma extraordinaria.Aquello que me causaba un estupor tremendo era que, al abrir la boca para ver la herida, noté que mis dientes se encontraban completamente podridos y desordenados, de modo que, los molares ahora estaban en el lugar de los caninos, y los incisivos dispersados alrededor de toda mi boca; jamás había visto cosa parecida. Finalmente, cuando parecía que la sangre dejaba de brotar, me dispuse a buscar la supuesta herida causante de la hemorragia, después de unos minutos, sin hallar vestigio alguno de cortadura o infección, sentí deseos increíbles de vomitar. Para esto, todo mi baño se encontraba cubierto de color rojo, mis vómitos solo eran sangre y no como comúnmente sucede que se regurgita la comida digerida, pero no, solo sangre; luego de 10 minutos de vomitar, sentí que vomitaba mi lengua, luego una especie de tubo delgado emergía de mi boca, tenía conocimientos básicos de anatomía, así que comprendí que vomitaba mis entrañas, luego, observé que salía una bolsa, el estómago, luego dos tubos, los intestinos delgado y grueso.Yacía completamente bañado en sangre y cansado, debido a las contracciones que realizó mi cuerpo al vomitar. Contemplé mis órganos en frente de mí, me toqué el abdomen y sentía un vacío alucinante, solo costillas y piel, asombrosamente seguía con vida. Vi el reloj y marcaban las 7:30; iba a llegar tarde al trabajo, así que me afeité, me vestí y me encaminé con destino a mi oficina.No duré mucho…

 

Raael Romo ®

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Carta a mi hija desde los cielos.

Querida y Amada Hija:

 

          Si pudiera resumir el amor de un padre a su hija en simples palabras escritas con tanto cariño, sin temor a llorar por la alegría de traer al mundo a un ser tan pequeñito y especial  (que forma parte de mi propia vida).  Podría llegar a la conclusión, que faltaría escribir tantas hojas en un libro de vida realizado de puros sentimientos, que este propio libro, por si solo lloraría, al ver en su última hoja aquel ingrato y solitario punto Final.

          Cuantas lágrimas de alegría han caído de mis ojos, al ir descubriendo con el paso de tu corta edad, tus risas, tus pequeñas locuras y aquellas gracias de pequeño ser, que con el paso de los años, la han vuelto de niña a una hermosa mujer.  Muchas veces me has hecho pensar que mis sentimientos son de rocas sólidas y que no he aprendido a llorar, pero mis mayores lagrimas nacieron a raíz de tu causa, cundo llegaste a este mundo y me enseñaste con cuatro palabras de tu tierna boca que me llamaron Papá.

            A veces las distancias, motivos de la vida o circunstancias,  dividen a las personas y las alejan o simplemente las separan de su destino. Pero como dijo nuestro señor Jesús Cristo, todo se resume en Amor y si la base de este amor es sólida, el amor nunca muere, aún más se fortalece enormemente, volviendo las distancias gratas al saber que muy lejos existe alguien que te extraña y te ama.

             Tú camino recién empieza y quiero ayudarte a caminar, siempre seré tú guía para evitar verte un día tropezar, no cambies nunca tu inocencia de niña, no pares de soñar porque aunque el mundo se vista de crueldad, siempre existirá una persona que te ayude de verdad.

           Te amo hija tu papá que esta en los cielos.

 

 

 

 

 

 

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SIN MANOS

No están manchadas de sangre.
Mis manos no están manchadas ni un ápice.
Las estiró por encima de la manga de la camisa almidonada y las veo limpias y tersas, con las líneas del destino claramente definidas pero sin sangre.
El Sr. Williams me lo repite y yo asiento y cuando vuelvo a mi cuarto hago figuras de papel y las dejo encima de la mesilla para que todos las vean.
Mi compañero de cuarto está tumbado bocabajo, con la cara aplastada contra la almohada y respirando profundamente, como si le estuviera asfixiando el hombre invisible.
Dicen que está más loco que yo, pero no me creo la mitad de lo que dicen mis compañeros, porque nadie creería lo que dice un loco de otro en un manicomío, y es normal.
Salgo al patio cerrado y un cielo encapotado me da la bienvenida al país de las maravillas. El elenco de actores ensayando eternamente es excepcional.
Está Arthur, que es el que se tapa la cara con las manos para que no le piquen las avispas, y Gretel, que corretea de un lado a otro como un corredor de marcha dopado. Yo parezco normal al lado de estos dos, sino fuera por que de vez en cuando, y de forma disimulada, me miró las manos con detenimiento.
Se acerca Billy, que en realidad no se llama así, y me dice algo al oído.
No entiendo lo que susurra. Al parecer nadie le entiende.
Luego se va encogiéndose de hombros como si le hubiera contestado con una incoherencia como la suya.
Me acerco a Paul y le pido un cigarrillo.
– No hay cigarrillos, nunca los hubo -. Me contesta sin dejar de mirarme como si oliera mal – Ni humo, nunca lo hubo -.
– Sólo está el fumador, solo y tranquilo -.
Me temo que hoy no puedo hablar con Paul. Me alejo y me siento en una silla cerca de la valla que da al bosque.
Intento concentrarme, pasar por encima de los sedantes y saltar la valla y volver a casa a seguir con mi vida. Es un ejercicio que realizo a diario, para relajarme, para hacerme ver que todavía me queda músculo en el cerebro, que no he perdido totalmente el juicio.
Vuelvo de regreso del trabajo. Con mi smoking impecable, mi flamante coche esperando entrar en mi enorme garaje, junto a mi lujosa casa, con mi mujer modelo y mi hijo superdotado. Todo es felicidad, redondo y perfecto.
Redondo y perfecto.
Así son las ruedas. Así giran y avanzan dejando un gran surco en la hierba de la mente. Las veo atropellar al niño y a la anciana sin darme tiempo a reaccionar. Ni mi prepotencia ni mi velocidad evitan que la sangre salpique mi cara. Como hubiera deseado haberlos aplastado simplemente, sin que saltaran por los aires aquel brazo y aquella cabeza. Es terrible pensar de este modo, pero cuánto dolor me hubiera evitado, cuánta locura y remordimiento se habrían quedado en su sitio, agazapados en el fondo de mi psique.
El Sr. Williams se acerca tras saludar a Paul como si alejara humo de su cara.
– Robert, ¿Qué tal esta mañana?.
Por un momento tengo unas terribles ganas de mirarme las manos, pero me resisto y observo a través de la valla, a la nada.
– Bien, Doctor. Los sedantes me ayudan, estoy más… tranquilo.
– ¿Y esas manos?. -Me las coge y las sopesa con ternura- Limpias como le dije.
– Sí Doctor, intento no mirármelas. Es una buena señal, supongo.
– Muy buena, Robert. Muy buena.
Me da un golpecito en el hombro y se marcha.

Sé que es un hipócrita, incluso un mal Doctor, pero allá cada uno con su cruz.
Lentamente me levanto e inicio el regreso a mi cuarto. Está empezando a llover y Arthur tiene un ataque y se lo tienen que llevar entre dos enfermeros. Paul habla ahora sobre la lluvia. En cierto modo es un genio, un filósofo, un erudito. Quien sabe por qué está aquí.
– Lloro para darme a conocer a la lluvia. Somos elementos de un mismo organismo que no se percata de sus partes.
El pasillo se llena de enfermos con sus gruñidos y quejas y trato de pasar ante ellos sin que me toquen. No quiero que me contagien su locura.
Abro la puerta del cuarto y mi compañero sigue bocabajo, resoplando sobre la almohada mojada.
Me pregunto si superaré esto algún día. Si me dejarán salir antes de que me vuelva como todos. Si pudiera vivir un sólo día sin arrepentirme de esas dos muertes, de aquel maldito accidente… si fuera lo suficientemente fuerte para salir adelante y pensar que fue el destino…
El destino. Las líneas del destino.
Vuelvo a pensar en las manos.
Tengo que distraerlas, antes de que empiece.
Me acerco a la mesilla, vuelo hacia el papel.
Entonces me detengo aterrorizado.
Allí está mi avioncito de papel, y mi barco y mi pájaro antaño inmaculado.
Están manchados de sangre. Grandes pegotes de sangre y carne resbalan por sus dobleces, haciéndome recordar, volviendo al pasado.
No puedo evitar mirarme las manos.
Están rojas.
La sangre chorrea por mis dedos.
Empiezo a gritar y me las muerdo con fuerza.
Pero sólo consigo que salga más sangre, mientras la cabeza de la anciana me observa desde el asiento de atrás.

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