Soledad en la multitud

 

 Camino  una vez más por las calles de mi ciudad. Son las mismas calles, las mismas casas, los mismos comercios. Me encuentro con vecinos que conozco desde siempre. S¡n embargo, casi sin querer comienzan a desfilar por mi mente imágenes de otros tiempos ya idos. Entonces las casas, los comercios y las gentes me parecen otras, ya no son las mismas. Es que estas construcciones han cambiado . Algunas porque se han deteriorado , otras porque se han remodelado.  Otras ya no están. En cada esquina toman vida hechos  que ya se fueron y que son solo hechos para mi, solo para mi. Hechos de mi infancia, de mi adolescencia, de mi época en que estuve integrado al mundo del trabajo. Los sentimientos tiñen de colores esa realidad.  Es el mismo mundo,la misma realidad que toma  aspectos disintos en mi.  Estoy  en el mundo y lo percibo como algo cambiante y que remueve mis fibras ìntimas.

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Llueve

Llueve

Llueve.

Aún llueve cerradamente y Daniela no llega.

Ayer hice galletitas. Un poco de harina, huevos, leche, azúcar, manteca… mucha manteca. Horno a 200 grados y cortadas con formitas de animales. Bañadas algunas con chocolate y un poco de confites en otras.

Me las terminé comiendo yo solo, otra vez. Porque Daniela no venía. Ayer estaba por empezar a llover. Mayo. Lluvia de mayo. No sé qué tiene de especial una lluvia de mayo contra una de agosto. Debe ser el frío. Sí, el frío de agosto hace que no quieras salir de la cama.

El calor de las lluvias de mayo me da ganas de cocinar.

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Vía Láctea, Perlas de Pasión

Vacaciones, perdidos quien sabe donde. Perdidos en la noche. Perdidos en una playa. Perdidos aquí y allá. Y nuestros ojos también perdidos. Perdidos en la inmensidad del espacio.

Ojalá lo pudiera tocar.

Cada vez que me encontraba en una estrella, su luz me inducía a soñar, a pensar, y a tantas cosas, que me quedo sin palabras para pronunciar.
Realmente, elegir pasar así la última noche de nuestras vacaciones, parece una idea acertada. Al menos por el momento. Cualquier persona pensaría que en un paraíso como el que visitábamos era para extraer hasta su última gota de placer. Y allí estábamos.

No nos mirábamos.

Tendidos boca arriba sobre la arena. No importaba si húmeda o fría. Solo importaba ver y recordar por la eternidad una de esas almas, representadas en las miles de estrellas del cielo austral. Nada hipnotiza más que el poder inconmensurable de la belleza de la naturaleza.

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