Cuentos Sin Barreras

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Te via contar, che maestra, quel domingo yo  también salí con mi padre.  Sí, con  mi padre solo, porque mi madre que es muy gorda no le gusta muncho caminar. Mi padre sí camina muncho, se va lejaso a veces y siempre lleva laescopeta. Tiene una escopeta grandota y no hay que ponerse delante porque lo pueden matar a uno…

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Cuidado Con El Cieguito

-¡Cuidado con el cieguito!-

Grita la señora Mary del kiosko, como anunciando un verdadero peligro pùblico…

-Siga derechito no más socito-

Grita otro, muerto de la risa al ver que el bastòn del muchacho invidente arrasaba con toda una mercancia colocada sobre un paño en medio de la vereda, perteneciente a un desafortunado comerciante ambulante…

Fastidiado el afectado y maldiciendo a regañadientes trata de rescatar lo posible de sus valiosos cds pirateados de mùsica mp3; dvds; pelìculas; juegos; programas. Muchos de ellos yacìan desparramados y despedazados por doquier, de la atestada calle Mey. Reconocida como informal mercado de maravillas tràficadas… a muy conveniente precio…

Pero Nibaldo sin inmutar, continuaba a paso rápido como si nada.

Sólo pensaba en llegar pronto a su destino. Y se abría camino entre el gentìo con dìficultad pero seguridad a la vez. Poco a poco el bullicio de la comuna de Estaciòn Central iba quedando atrás también.

Casi con cálculo matemático, doblo un par de cuadras, sin chocar ni una sola oportunidad.
A medida que se iba acercando a su meta, destensaba sus otros sentidos alertas anteriormente. Y los latidosde su corazòn se aceleraban a cada instante… Era como si el tiempo se estubiera deteniendo en aquel latente silencio que reinaba ahora… cerca de la plaza donde estaba a punto de llegar, después de cruzar ese último pasaje que le quedaba, pero no alcanzó…

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El Asado Del Diablo

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El fuego se eleva en grandes llamaradas e ilumina en su entorno figuras fatasmagóricas que giran a su alrededor. Unas sombras que a veces se alargan desmesuradamente y  que en otras se contraen caprichosamente y cabriolean sobre las paredes del rancherío. Se dispersan estrellitas rojas que se pierden en la negrura de la noche. Suena muy fuerte una música que aturde los sentidos. Hay que danzar y danzando están en torno a las llamas. Se baten palmas y desafinadamente también se canta.  Laten violentamente los corazones. El aire está caliente y cargado de perfumes.  Olor a leña quemada. Olor a humo. Olor a carne… a rica carne que se dora al calor de las brasas. Chisporrotea la grasa que cae. Olor a vino y a caña  que hoy, solamente hoy, corre con libertad en vasos de vidrio y viaja sin cesar de boca en boca. Risas y más risas… Gritos de felicidad incontenida…

La casa del Lagarto González está como muchas cerca del arroyo, del otro lado de la vía, entre el ramerío de cina-cinas,  retamas y acacias retaconas. El Lagarto la fue formando de a poco, con restos de chapa y palos que encontraba por ahí y que las acarreaba en su carro. Tiene, al decir de sus vecinos,” buenas comodidades” .  Una habitación caudrilonga que le sirve de fogón y donde se reune la familia para comer, descansar, discutir, pelear y hacer las paces, escribir, leer… Una pieza alargada con divisiones precarias en su interior  y que se va estirando en la medida que crece la descendencia   hace de dormitorio.   Formando  martillo un cobertizo donde se guarda el carro y mercaderías diversas que se consiguen en el  diario “changar”. Son montones de cartones, plásticos, baterías en desuso, cables, pedazos de colchones… Más atrás, identificable por sus emanaciones  y el sobrevolar de las moscas, el retrete.

–¿ Viste, che Carmela que tamaña fiesta en lo del Lagarto?. Una fiesta como si fuera fin de año digo yo…

_ ¿ Y quién no se iba a enterar con ese relajo bárbaro que tienen?.

_ ¿ Tú no sabes ques lo que festejan esos disgraciaus?.

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Un Buenas Noches…

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 Todos han dormido muy mal anoche. Muy mal. Es que al principio el viento desde el sur se había metido entre las chapas disipando rápidamente el poco calor que habían logrado con el brasero. El viento calmó en la madrugada y comenzó una terrible helada… ¡Qué frío!…¡Qué frío Señor!…

Cuando  el pito de la fábrica suena Carmen sabe que son las siete de la mañana, entonces se revuelve en el camastro, restrega sus ojos aún somnolientos , le da una patada al gato y pega  un grito fuerte para que   los gurises la oigan…

_ ¡ Arriba Carlitos!… ¡ Arriba Esteban!… ¡No sean dormilones che que dispués yegan tarde a la escuela!.

El grito resuena entre las chapas de la única pieza que se utiliza como dormitorio. Un ropero y un pedazo de tela a manera de cortina hacen la división entre el lugar donde duermen Carmen con el tuerto Geremías, su esposo, del resto de la pieza… Al lado de la cama matrimonial está la cuna de Viviana. Del otro lado, dos camas más. Carlitos duerme con su hermano Esteban, ambos escolares. En otra cama Delia, la hermana mayor, se tapa con la almohada para seguir durmiendo. Ella dejó la escuela el año pasado. Entre las camas, en lo que parecen ser bancos o sillas, harapos sucios en  un caos difícil de describir.  Un baho húmedo, pegajoso, maloliente, mezcla de orines , sudores y humo  hace casi irrespirable el ambiente.

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