Ya Nada Lindo Me Decís

Suena un reclamo
disfrazado de preocupación.
«Ya nada lindo me decís»
Te sale del corazón.

La ausencia de mis palabras
Te pone en alerta
¿Que querés que te diga?
¿No te das cuenta?

Mi silencio te hace ruido
Mi discreción te da miedo
Tu mente fija una idea
Se equivoca, nuevamente.

«No se que te pasa»
Me planteas
¿Lo querés saber?
Te amo sin cesar.

Mi corazón lleva tu nombre
Mi sangre lleva tu esencia
Mi alma tiene una brújula,
Y solo apunta hacia tu presencia

«Ya nada lindo me decís»
Me resuena en la mente
No sé qué decirte,
Te amo locamente.

Sos la pasión que me mueve
Sos la incertidumbre que me da vida
No quiero perderte
Te quiero para el resto de mi vida.

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Citadino

La señal esta marchita,
Interferencia de cables y antenas
Percanan su existencia.

Descolgada la señal del universo, 
Procederemos a idiotizarnos individualmente.

No oses levantarte,
Ya no eres tan ingenuo,
Te hacen sobrevivir a costa de tu propia vida.

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Modernismo

-Descorteja todo lo que vez,
Donde hubo árboles e higueras,
Hoy no es mas que penurias y ruinas, hermosa seria una ciudad en llamas, por lo menos seria menos ruidosa, y volvería a dar paso a lo que tubo que haber.

Tortuosas maquinas hilarantes del mañana, 
¿donde esta la sangre que derramaron?
Donde se halla el exclamor acallado del salvaje,
Pues digo ferreamente,
Que prefiero permanecer primitivo,
A entumirme entre el modernismo.

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Un Corazón Inerte

La chimenea crepitaba bañada con una luz tenue, opacada por las nubes, el cantar de los grillos saltado en los pétreos, contuvo el hálito por unos segundos, verle recostada la mesalina en la otomana, la piel le erizaba verla perpleja absorta en un abismo de inmortales, deseaba perturbar esas quimeras, traerla consigo; el suave aroma del té burbujea en el samovar, sigilosamente cruzo el umbral de su alcoba, los sonidos sus pies descalzos, no inquietaron su inmaculado trance. El goteo de sus alas resonaba como derbake, idílico; la roso con una rosa negra que exteriorizo, diserto; se inclinó en una plegaria.

—Bastos años, constipado por la desolación, embriagarme en el rococó de tu neroniana vanidad; he vuelto, a fustigar me a las cadenas de tu inmensurable belleza, vacío… E inerte… Musa de mi poesía, venus de las tinieblas, virgen de la luna, evoca mi nombre, vierte el néctar de esta ánfora de arcilla inerte.

—Paroxismo señor ¡Que osas en desvelar mis sueños!, canta música, que el oído agudo se despierta, deleitarse de sus plegarias, el negro corazón que lleva ausente, es símbolo de los ojos cabizbajos de un cuervo, brillan como la sangre desatada de sus presas paralizadas. Señalo un baúl encima del tocador ovalado, forrado en piel, decoraba unas adelfas, abrió el broche en luna menguante, le cedió un corazón lúgubre, agradecido le beso las manos; hizo una incisión, introdujo el corazón, abatido hundió su cabeza en el regazo de ella, no contuvo el dolor de regar su muselina, le aceleraba el corazón, su agitación se volcaba en el cantar de la noche.

—Aun pétreo… Ambulabas en mí pensamientos, ahora vivo en tu dulce aroma —lo acaricio, quitando los vendajes de su rostro, sus ojos azules cerúleos flameaban iluminando una cueva en el fondo de la tierra—.

—¿Cómo fueron los años de infortunios en el averno? Que fue del noble caballero que desbordo de emociones… Ahogando en mareas monstruosas, los días florecieron sus capullos en la alegría de verle, pisar la tierra que abandono; la lluvia desato su llanto que no cesaba; los rayos reflejaban su silueta en las en los pasillos nunca más le vieron cruzar.

Absorto recordaba las palabras de Akarian“lo único que deseo es estar con ella” miro el ventanal, la luna olvidando el lóbrego abanico de insolación reflejaba un idílico semblante; la muselina escuchaba los tambores de guerra, los pasos de Akarian cruzándole el lumbral, el orbe requebrajo sus cimientos, los muros se cuarteaban; en el sendero del bosque una voz resonó los árboles azotados por la ráfaga; Zould la tomo entre sus brazos, los muros en un estruendo frenético se vieron abajo, trozos de orbe se desmoronaban; a los lejos, los peñascos sometidos por la algarabía desaparecían de la vista; el dulce aroma de su pudor, la envolvía en la sinfonía de la calma, sin importar que el entorno se transmutaba en una aberración. Una furia desatadora absorbió los escombros levantado una sábana de humo, el éter en sus tonos azules Prusia, ultramar se mecían en una revuelta de ira; dejando al descubierto un portal blanquezco; el sendero del bosque y su residencia reducidos a un abismo lóbrego.

—Zachariang —la voz resonó con furia, el abismo traía consigo Akarian, la luna desbordaba su euforia en un baño de sangre, verle de nuevo el orbe donde fueron separados los refugia de nuevo.

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