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Poema: Mirada De Un Amor Imposible

Mirada
Chica con mirada

Mis días suspiran por ti, el acariciarte, el besarte.

Pero solo es un bardo espejismo por no afrontar

A mis sentimientos y armarme de valor.

 

No sé si tu sientas lo mismo por mi ó en otros

Casos desvíes la mirada como yo por ocultar

Dichos sentimientos sea por temor o vergüenza.

Espero que algún día me atreva y cuando me atreva

Sea de corazón sincero como mi afán de tocar tú

Mano e ir juntos al parque.

 

Creo que solo la carencia de riquezas sea un impedimento.

No sé si tu familia crea en el amor verdadero aunque sea

Humilde.

 

Pero en caso contrario solo me hago falsas esperanzas, no quiero

Traerte problemas ni malas lenguas.

Por una parte tu felicidad es mi felicidad.

Si solo con el hecho de verte sonreír me hace reír.

Espero que con quien termines te sepa valorar y te ame

Sin importar condición social.

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KORY Capítulo 1 Casi Me Mato

Kory despertó con un dolor profundo en sus manos, casi no podía respirar y cuando abrió los ojos solo vio una pared muy blanca, luego se percató de que estaba en la cama de un hospital y que llevaba una bata blanca, de pronto empezó a recordar cómo llegó ahí y mientras recordaba comenzó a llorar.

Aquel día Kory salió de la universidad a toda prisa, mientras corría hacia su casa su corazón se aceleró y sintió un nudo en la garganta, cierta tristeza que solo él entendía, entró a su habitación y cerró las cortinas por completo, fue hacia el armario abrió un cajón y saco una corbata, se sentó en su cama e intentó resumir toda su vida en un instante, encendió un cigarrillo y empezó a sonreír, mientras fumaba, pensaba en las palabras de su madre “hijo mío el cigarrillo te matara” y él decía en voz baja “madre soy más veloz que un cigarrillo”.

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Doña Maruja Y Los Martillos

A doña Maruja Hernández siempre se le regalan martillos, no importa la fiesta que fuere; Navidad o cumpleaños, el día de su santo, aunque confieso no sé si existe una Santa Maruja, pero sí su segundo nombre, Antonia. Hasta la fecha tenía una pequeña colección de cuarenta y tres martillos, para ella era un misterio. En los primeros años de ese complot familiar, reunía todas estas herramientas en la mesa y trataba de disipar algún mensaje oculto, pero no encontró nada, y los martillos siguieron llegando. En suma los había de todos tamaños, con mangos de madera y de goma, también de hierro. Simplemente era un misterio que había acabado con todas las sorpresas de los regalos futuros.

Maruja era demasiado tímida para preguntar a cualquiera por los inusuales presentes, con el tiempo cuando los vecinos se unieron a la moda de los martillos, aprendió a fingir sorpresa. Vilma su hija, la observaba correr con la prisa que le permitía su edad, después de cada regalo rumbo al escaparate donde los guardaba, después de clasificarlo y pensarle un sitio. A veces ella se acuerda que al comienzo pensaba que era una broma; ella gozaba de buen humor, pero no era así,  terminó resignándose y hasta agarrándole gusto. A medida que su colección crecía ella fue encontrándole otros usos, cuando el insomnio atacaba abría la puerta del escaparate y los contaba hasta que se dormía, como si fueran ovejitas, a veces los utilizaba como  aguanta libros y otras de pisapapeles; en fin los martillos no salían de su cuarto, era una colección privada; ni siquiera su hija sabia de tal existencia. Ninguno de ellos fue utilizado para el sencillo acto de clavar un clavo, los apreciaba mucho como para una tarea tan vulgar, para eso ella guardaba una gran piedra en la cocina, y como los años la habían dejado medio ciega y la piedra pesaba mucho, siempre se pisaba un dedo. Los que la amábamos notamos tan penosa situación, y sin proponérnoslos siquiera íbamos aumentando el tan particular conjunto.

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La Búsqueda

Día a día conciliaba
A quien su pobre corazón destrozaba.
Mientras con sentimientos se esclavizaba
Su destino como miserable enmarcaba.

Triste vida la que llevaba
Por alguien que ni siquiera la amaba.
Triste era ver como su alma se ataba
A un corazón ajeno que la maltrataba.

Era acaso aquel sufrimiento necesario
Y que del amor fuese el sicario.
O caso que su único consuelo fuese el rosario,
Donde plegarias actuaban cual emisario.

Pero ni una palabra delataba
A quien su felicidad arrebataba.
Y mientras una sonrisa todo calmaba
El dolor al fin ya culminaba.

He aquí donde la ironía acechaba,
Mientras él su mano acariciaba.
Con solo una pregunta que lo anonadaba,
Y una respuesta que lo impactaba.

-Adónde vas querida madre, que apenas siento ya tu calor?
-Voy en busca de algo, algo llamado amor.
Y entre un mar de sufrimiento y temor,
Yacía el ignorante acariciado por el dolor.

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Gloria

La noche estaba apunto de caer en la ciudad, había quedado con Gloria, una amiga de la infancia que hacía mucho que no veía. Gloria y yo nos conocimos en el colegio, por aquel entonces no eramos más que dos mocosos que solo pensaban en jugar y divertirse, como cualquier niño que se precie. Perdimos el contacto al acabar el instituto, tengo entendido que ella se fue a la universidad, ahora mismo no recuerdo a cual, pero yo me quedé en el mismo instituto cursando un grado medio de administración.

Bueno, a lo que iba, habíamos quedado en el bar que normalmente frecuentábamos mis amigos de clase y yo, el Peterson, recuerdo que en mi cabeza no dejaba de repetirme “Que no esté ninguno de mis amigos hoy por favor”, no era por nada en particular, simplemente que mis amigos se interesan mucho por los demás, a veces demasiado.

Llegué al bar unos diez minutos antes de la hora que habíamos quedado, no me parecía ver a Gloria por ninguna parte, tampoco sabía que aspecto tendría ahora pero no esperaba que hubiese cambiado mucho. Me senté en la barra y pedí una cerveza, había bastante gente, y sin esperarlo alguien me tocó en el hombro, me giré y ahí estaba ella. Por un momento me quedé boquiabierto, si que había cambiado y mucho, a primera vista pude distinguir sus tan característicos ojos verdes que tanto llamaban la atención a todo el mundo, y su melena negra tan brillante como siempre.

– ¿Pablo? – me dijo con la voz entrecortada.

– Si, – dije yo muy cortado – ¿eres Gloria no?

– Si, – añadió ella ya sonriente.

– Madre mía como has cambiado, ¿qué tal estás?

–  Muy bien, gracias ¿y tú?

– Yo perfectamente, gracias. ¿Vamos a una mesa?

Acto seguido se dio la vuelta y nos dirigimos a una de las mesas del fondo, ella iba delante, no podía dejar de mirarla de arriba abajo, estaba despampanante, se había puesto un vestido negro largo que le realzaba la figura y ¡vaya figura! No podía seguir mirándole el culo, como se girara en aquel momento me iba a ver y vaya primera impresión ¿no? Alcé la vista y vi que me estaba mirando de reojo, me puse rojo como un tomate, no sabía a donde mirar, pero ella simplemente sonrió y siguió andado.

Tras tres o cuatro copas, decidimos ir a una discoteca que había a un par de manzanas de donde estábamos, hacía frío, así que Gloria ni corta ni perezosa se me agarró del brazo con total confianza hasta que llegamos a la entrada de la discoteca. Una vez dentro nos dirigimos a la barra a por otra más, la compañía era muy agradable, parecía que no hubiésemos perdido nunca el contacto, estábamos los dos muy cómodos.

Gloria, que no tenía ni un ápice de vergüenza, no esperó ni a coger la copa de la barra y ya se puso a bailar a mi lado, se movía muy bien la verdad, así que cogí yo las dos copas y nos fuimos a un rincón de la sala donde había unos sofás a tomarnos las copas tranquilamente. Por el camino ella no dejó de bailar en ningún momento, parecía que me estuviese provocando pero tampoco quería darle mucha importancia simplemente se lo estaba pasando bien.

Nos acabamos las copas, entre risas y charla, y acto seguido se levantó, cogió mi mano y me arrastró al centro de la pista de baile, en aquel preciso momento todo el mundo desapareció para mí, tenía delante a Gloria, muy pegado a mí bailando muy sensualmente, tenía ganas de ella así que le seguí el juego. Estuvimos bailando un buen rato, hasta que se me acercó y me besó el cuello, un escalofrío corrió por mi cuerpo, aquello si que no me lo esperaba, pero la verdad es que me gustó mucho, sin dudarlo ni un segundo, en cuanto se separó un poco de mi cuello, me lancé, comenzamos a besarnos apasionadamente, no había forma de parar.

Seguimos bailando y besándonos toda la noche, ya casi estaba amaneciendo, las horas habían pasado demasiado rápido, al menos para mí. Teníamos que salir de la discoteca, estaban cerrando, así que pedimos un taxi y nos acercamos a su casa, seguíamos con el mismo plan y la despedida fue aún más apasionada, no lo podía creer, aquella mujer, que fue una de mis mejores amigas de la infancia y que estaba muy bien la verdad, con un chico como yo, pero no iba a ser yo el que dijera que no.

– ¿Te apetece que nos veamos mañana? – me dijo mordiendose los labios.

– Claro que sí. – dije aguantándome la emoción – Te recojo mañana a las ocho y vamos a cenar algo.

– Vale, buenas noches.

Aquella había sido una de las mejores que había tenido en mucho tiempo, tenía ganas de más, pero ahora tocaba descansar un poco, buenas noches Gloria.

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