Yo Lo Sé… Y Lo Sabes Tú

Era aquella tarde, en la que Vea me contaba, poco a poco, él como terminaba aquella historia que casi todos los días por las tardes, ella me lo contaba ó me la leía. Éramos muy buenos amigos, que a pesar de que ella fuera mayor que yo por meses; yo la veía con otros ojos, unos ojos de deseo, si, ella me gustaba mucho, desde los tres últimos años que la conocía, nunca me atreví a decirle nada, nunca le dije que ella me gustaba, nunca me le declaré, y creo que nunca lo haré. Y así, observando el atardecer que aun se veía desde aquel minúsculo andén, en la que nos sentábamos a leer, ó a contarnos cosas de la vida. Vea era muy hermosa desde el punto en la que yo la veía. Aun con mis 15 años de edad, Vea era la única amiga a la que yo le podía contar algo, lamentablemente no podía decirle nada sobre mis sentimientos, y que yo estaba enamorado de ella.
Al terminar la tarde, al desvanecerse el sol sobre aquel brillante horizonte, caminamos sobre la acera cubierta de césped, sobre aquellos montículos de forraje, que día a día se formaban gracias a las tempestades de lluvia.
Embrollando su brazo con el mío, caminamos paso a paso, como dos gotas de lluvia que se alejan de la corriente, que se alejan de la soledad, del inconformismo, y sobre todo del sufrimiento.


La lleve a su casa, y nos despedimos en la puerta de su casa, con un beso en la mejilla, me dio a conocer que yo era su mejor amigo; me acarició un momento y me dijo:
– Chau. ¡Cuídate!
-Claro. Respondí
-Ah, y no te olvides que hay exámenes la próxima semana.
– Si. Por poco lo olvidaba.

De hecho había olvidado, lo de los exámenes, y de la tarea que era para mañana.
¡Dios!  La tarea? lo había olvidado. Corrí hacia mi casa sin importarme nada.
Finalmente acabe la tarea, a eso de las 11: 30, me acosté en la cama, y una vez más pensé en ella. Mi mejor amiga, Vea me gustaba mucho, desde aquel primer día de clases, que delante de todos, nos la presentaron como alumna nueva. Desde ese día me di cuenta de éramos el uno para el otro, y que me gustaba, principalmente, por la manera en que sonreía, era perfecta.
Luego de un par de semanas que la eché de menos por no verla casi en clases, ella a veces faltaba, nunca faltaban los motivos, y simplemente no me quería decir nada sobre aquellas faltas. Yo también faltaba, llegaba tarde, como cualquiera, pero ella en los últimos días se había portado muy extraña, ya casi ya no hablábamos, no me importaba, ella seguía siendo mi mejor amiga, a pesar de las circunstancias, que creo yo, fueron muy inoportunas.
-Anda, vamos, ¿es que no piensas ir a jugar?
 Anda, levántate, vamos, hoy es viernes. Ya estamos todos, apúrate, te esperamos.

No quería ir a jugar, no tenía ganas, de hecho no le veía la gracia estar sentado en una cabina de internet y jugar. Entonces decidí ir tras Vea, decidí, seguirla, y preguntarle por que estaba así, por que se comportaba de esa manera. Pero bueno, mi plan dio resultado, la seguí hasta su paradero, espere a que se despidiera de sus amigas; por ser viernes y último día de clases de la semana, comúnmente, ellas se quedaban platicando hasta altas horas de la tarde. Así que espere un buen rato. Después de que se despidieran, la vi sola, y decidí acercarme a ella. Previamente, la saludé, a pesar de que, creí que no le agradaba mi presencia, continúe con mi plan. Al momento me di cuenta de que estaba completamente molesta: ¿conmigo?

-¿Por qué me sigues?
¿Crees que no me he dado cuenta? Me lo reprendió con un tono demasiado fuerte.
-Ok, lo siento; solo quería preguntarte si algo te pasaba. Estos últimos días te has portado muy extraña, muy diferente, y hasta podría decir que un poco rebelde.
¿Es que tienes problemas?
– No , claro que no. Y eso a ti que te importa. No tienes porque meterte en mi vida.
-Perfecto, entonces que te vaya bien. Se lo dije con bastante dolor y repugnancia.

Me fui sin despedirme, tomé la calle posterior y me alejé muy rápidamente. En ese momento no me importé nada, la odiaba con toda mi alma, deseaba no a verla conocido nunca; deseaba no haber nacido nunca. Llegué a mi casa y lo único que hice fue encerrarme en mi cuarto, echarme en la cama y simplemente llorar, llorar por todo lo que había pasado.

Al día siguiente no fui a clases por que tenía miedo de verla otra vez, me quedé en mi cuarto y tratar de olvidar lo que había pasado. A la tarde decidí ir un rato al antiguo andén en la cual ella y yo nos reuníamos todos los miércoles, me sentí muy solo aquel atardecer, si no fuera por aquel libro, y aquel cigarrillo que llevaba conmigo, tenlo por seguro que me hubiera vuelto loco. Mi primer cigarro en toda mi vida de perfecta y solitaria complejidad; recordaba como ella me contaba los cuentos y novelas que día a día las leía con más ansiedad.
De pronto sonó el móvil:
-Aló.
-Hola ¿cómo estás? Me lo dijo con tanto descaro.
-¿Qué quieres? Mi voz se notó un poco ronca, y me puse nervioso por un momento. Al estar sentado en aquel pastizal agarrando de un mano el móvil, y de la otra el cigarro, escuché poco a poco como me decía lo que sentía y disculpándose por lo hecho.
-Perdóname, perdóname por lo que te dije, estaba un poco alterada y confusa; por favor perdóname. Sé cómo te debes de estar sintiendo, por lo que más quieras no me odies. Por favor. Lo dijo sollozando.
Y simplemente colgué.

Yo la escuché muy atento, sin poder decir ni una sola palabra, me quedé helado, por sus frases de disculpa, pero ya nada me podría hacer cambiar de opinión, nunca antes me había hablado así, por lo que creí que ella había cambiado rotundamente y que ya se olvidaría de mi para siempre, aunque las cosas fueran de ese modo, ella ya nunca volverá ser mi amiga.

Y una vez más sonó el móvil:
-Hola Esteban. Esperó, un momento y:

– Solo llamaba para decirte que si no quieres ir a mi casa, ahí te contaré todo lo que me pasa, y creo yo que me comprenderás, te espero a las 6:00, por favor ven, necesito hablar contigo. Chau, cuídate.
Y colgó.

Guardé el celular, y seguí leyendo, no me importó lo que había dicho, a pesar de que por dentro, sabía que tenía que ir, me mataba la angustia y preocupación. Y al fin decidí levantarme e ir a su casa. Pase lo que pase ella era mi mejor amiga.

Apagué el cigarrillo que por casualidad lo prendí, guardé con seguridad el libro de “Carlos Cuauhtémoc”, e inmediatamente corrí hacia el paradero de buses. Al llegar a la casa de Vea, toqué el timbre, me miro por la ventana de su cuarto. Al mirarla y al ver como sonrió cuando me vio, me di cuenta de que todo lo que había pasado fue solo por una tontería, y que todo lo podría olvidar. Así que cambie rápidamente de humor y decidí recibirla con una grata sonrisa.
Al abrir la puerta, ella al instante quiso hacerme caer al sonreírme, con aquella sonrisa a la que nadie se podía contrariar, entonces ella, creo yo, que lo entendió, y al instante me invito pasar.

Por suerte sus padres habían salido, y era un perfecto momento para poder declarármele, subimos a su cuarto, y no sentamos en la cama a charlar.
-Discúlpame por lo sucedido, es que no me pude controlar, tengo un pequeño problemita, y es que simplemente estoy muy aturdida.
Por un momento hubo un profundo silencio, y luego:
-No te preocupes, ya lo olvidé. Espero que sigamos siendo amigos. Respondí con desconfianza.
-Claro…, como puedes pensar lo contrario, claro que seguimos siendo amigos.

Charlamos por varios minutos, busqué el más oportuno momento para decirle lo que sentía, tal vez para besarla, al parecer creo que solo estaba divagando. Seguimos charlando.
Y de repente me lo dijo; como una bofetada tan fuerte que estalló contra mí:

-Tengo que decirte algo
-Anda, dímelo, con toda confianza.
-Este… Hay un chico que me gusta y creo que estoy enamorada de él. Y quiero que me ayudes con él, por favor, tu eres el único que me puede ayudar; el estudia en el mismo colegio que tu y yo.

Me quedé un momento en silencio, rápidamentel e respondí:

-De acuerdo, cuenta conmigo.

Ella saltó de alegría, me dio un beso, y me acompaño a la puerta. No quise decepcionarla, al decirle que no, tal vez me arrepentiría después, el asunto es que ella era mi mejor amiga y que yo estaba para ayudarla con lo que desee.

Durante varias semanas, la ayudé, con aquel tipo que realmente no me simpatizaba. Hasta que al fin se convirtieron en algo parecido a ser novios, es verdad, quedé decepcionado, totalmente destrozado, pero a la vez feliz, porque Vea era feliz, y yo con ella; eso era los mas importante.

Era esa tarde, ese mismo día en la que Vea y yo decidimos ir a ese viejo andén en donde antes veníamos a leer un poco. Aquella tarde sentí un poco de tristeza, por la forma en que la ayudé, algo muy desconcertado de mi parte; tarde o temprano tendría que decirle lo que en verdad siento por ella, lo que en verdad eso significaba para mí. Acercándose la noche, observando el atardecer, la miré por unos segundos, e inmediatamente después; después de contemplar su belleza, la besé en la boca.
Hay veces en la vida en la que tienes que arriesgarte un poco; tal vez muy poco, pero hagas lo que hagas, vívelo y siéntelo como fuera el único, como si ya no existiría otro después.

El acto de Esteban, provocó muchas reprimendas por parte de Vea, algunos desprecios, y uno que otro rencor hacia él.
Esteban quedó completamente extorsionado, simplemente escucho decir:

– ¿Por qué hiciste eso? Con un tono de voz elevado.
Tu sabes que tengo novio.  ¡Ay!… Te odio.

Y vio como ella se alejaba, muy despacio, y él contemplando su alejamiento en tan perfecta silueta, que al instante vio como echó a correr muy confundida, en aquel horizonte, que desde entonces ya no era el mismo de antes.

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