Christmas Lights

Christmas night, another fight
Tears we cried a flood
Got all kinds of poison in
Of poison in my blood

I took my feet
To Oxford Street
Trying to right a wrong
Just walk away
Those windows say
But I can’t believe she’s gone…

La letra de Christmas Lights de Coldplay llega a mis oidos desde las bocinas. No pude evitar soltar un suspiro. Se supone que había accedido a venir a la fiesta para distraerme un poco, pero ver a todas las personas disfrutando me hace sentir incluso más alejada. Tan solo soy un simple observador de la felicidad de los demás.

Veo el reloj que marca las 11:45. Solo quince minutos para recibir un año nuevo.

El tamaño del salón es lo suficientemente grande para al menos doscientas personas que estan aquí pasando el tiempo lejos de sus familias, por alguna razón u otra, la mayoría personas con dinero, celebridades y gente del upper east side. Se supone que es una manera de no sentirnos tan solos. Sin embargo, entre todo este mar de gente, nunca me había sentido tan sola.

No se ni siquiera porque acepte. En primer lugar, odio los lugares con mucha gente, sobretodo si estoy sola. Me hacen sentir mareada y con falta de oxígeno. También me hace sentir juzgada. Puedo notar las miradas curiosas de personas que se preguntan porque una chica linda y joven esta tan sola y luciendo miserable. Eso solo los que no sabian quien era. La mayoría sabian que yo era Ana Venedetti, escritora reconocida internacionalmente.

No es que me considere una persona miserable, estoy muy agradecida de las cosas que tengo y  se que soy afortunada por las personas que me acompañan en mi vida.

Solo que no me acompañan hoy.

Me apresuro a tomar otra copa de champagne. Detesto el champagne, pero parece ser lo único bueno para tomar por aquí.

Desde hace un tiempo, la navidad me ha empezado a parecer más nostálgica de lo normal y esta vez no ha sido nada diferente. Parece que con el tiempo, las navidades se vuelven algo  más triste, las viejas tradiciones van cambiando y aunque algunas personas siguen teniendo las esperanzas y el deseo de compartir de siempre, la mayoría parece sentirse diferente. A veces supongo que es porque, al crecer, la magia se va conviertiendo en realidad y es dificil acostumbrarse a eso. Cuando estamos pequeños, la navidad significa regalos, jugar en la nieve y ver a familiares que extrañamos. Al crecer nuestros pensamientos van cambiando y nos damos cuenta que la navidad es otra manera de recordarte que el tiempo pasa y que te estas quedando sin el, al igual que las personas se van, dejando tan solo recuerdos de tiempos mejores. Navidad se convierte en esa época de recuerdos que deseariamos y tenemos la esperanza de recuperar. Y por lo tanto es nostálgica.

-¡Ana! Vamos, ya casi son las doce. – Mi amiga Ashley me toma del brazo, llevandome con el resto de las personas que se preparan para el ultimo brindis del año. Otra vez, tomo una nueva copa de champagne.

Me recuerdo que si Jules estuviera aquí, me estaría regañando por beber tanto, así que me abstengo de beber hasta que sean las doce. Maldita sea, lo extraño tanto.

Siempre he sabido que las relaciones a distancia no son nada fácil y sin embargo, había aceptado estar en una. Había conocido a Jules durante una de mis firmas de libros. Cuando llego aún no había comenzado y yo me dedicaba a calmar mis nervios escondiendome en las estanterias. Al verlo intente pasar de él pero se me había hecho imposible, desde el primer momento había quedado atrapada. Por supuesto, el fue el primero en hablar. Entre Haruki Murakami, Victor Hugo y Oscar Wilde; el tiempo paso sin que alguno lo notara. Él nunca menciono reconocerme y yo tampoco me moleste en decirle que, de hecho, sabía que estaba hablando con uno de los mejores musicos de nuestra época. El tiempo paso y entre muchas llamadas de Skype y viajes intermitentes, decidimos que no funcionabamos como solo amigos.

Finalmente, solo faltan diez segundos para el fin de año y todas las personas a mi alrededor empiezan una cuenta regresiva. A pesar de que nunca participo en la cuenta regresiva, nunca puedo evitar sonreír al ver la felicidad de los demás, es algo contagioso.

-3… 2… 1… ¡Feliz año!

Las copas chocan y el champagne se derrama en todas partes. Choco mi copa con la de los demás e incluso abrazo a algunas de ellas. Ashley esta muy ocupada besando a su novio, así que decido felicitarla luego, no queriendo interrumpir ese momento. Casi al instante mi teléfono empieza a sonar.

Salgo del salón y contesto. Es mi madre.

-¡Feliz año cariño!

-¡Mamá!

-Te extraño mucho, cariño, no sabes cuanto. Desearía que estuvieras aquí, todos han estado preguntando por ti, incluso tu hermano parece extrañarte.

-Lo sé, y también lo hago. Realmente desearía estar allá.

-Mi único deseo es que este año podemos verte un  poco más. Espero que este año te vaya muy bien y tengas salud y felicidad – Mi madre parece al borde del llanto mientras pronuncia esas palabras.

-Gracias mamá, te amo.

Por un momento ella duda en que decir, quedándose sorprendida porque fui capaz de decir eso. Yo me dedicaba a escribir cosas, no a decirlas. -Yo también te amo, Adiós linda.

-Adios mamá. – Cancelo la llamada con un suspiro.

Pretendo regresar a la fiesta pero soy incapaz de hacerlo al subir la mirada y encontrarme con la cosa más inesperada de todas.

Jules se ve un poco agitado, como si hubiera llegado corriendo desde el aeropuerto y pensándolo un poco, quizás si lo hizo. Nunca se sabe con él. Me quedo helada mirando a mi novio, incapaz de pronunciar una palabra. De a poco, las emociones del día y de todos los demás días que he tenido que pasar sola se empiezan a juntar y termino por llevarme una mano a la boca, con lágrimas saliendo de mis ojos.

Al ver mi reacción, Jules se apresura por llegar a mi lado y envolverme en un abrazo. A este punto mis lágrimas dejan de ser silenciosas para convertirse en verdaderos sollozos. Por Dios, Ana, deja de ser tan llorica, me digo a mi misma. Pero al mismo tiempo no me importa Es Jules, después de todo. Jules, la única persona que es capaz de hacerme sentir tantas cosas a la vez, todo el tiempo.

Él espera con todo la paciencia del mundo a que me calme, susurrando algunas cosas a mi oído que se escuchan como “Esta bien.” “Todo esta bien, ahora estoy contigo.”  Cuando por fin lo hago, me aparto un poco para mirarlo a los ojos.

-No puedo creer que estés aquí.

El me ciega con una de sus sonrisas antes de decirme inocentemente: -Feliz año nuevo, amor.

-Feliz año a ti. – Le digo y por fin soy capaz de sonreír abiertamente.

-Intente vestirme un poco más adecuadamente pero solo traje lo primero que conseguí. – Dijo señalando su pantalón y camisa de vestir algo arrugada. – Me siento como tonto al verte vestida así. Te ves hermosa.

No es que creo que mi vestido negro sea algo especial, pero sus palabras hacen que mi corazón se acelere un poco más.

-Estas perfecto. – Me inclino otra vez para abrazarlo fuertemente e inspiro el aroma que tanto extrañe. – Te amo mucho, Jules.

-Yo también te amo. – Me toma la cara con ambas manos y me da un suave beso en los labios. Cuando intenta apartarse lo tomo del cuello para besarle más profundamente a lo que el responde sonriendo sobre mis labios.

Cuando nos separamos, sus manos pasan de mi cara a mis manos y les da un ligero apretón.

-Vamos a casa. – Me dice, a lo que yo acepto alegremente.

La navidad, aunque nos recuerda el paso del tiempo, también nos recuerda que con la finalización de cada año llegan nuevas oportunidades para lograr nuestras metas y encontrar la felicidad que tanto deseamos. Que así como las personas se van y nos dejan para siempre, llegarán nuevas que traerán el sentido a nuestra vida. A pesar de mi deseo de volver a revivir las navidades de épocas pasadas, mientras estrecho fuertemente la mano de la persona que esta a mi lado, no puedo evitar pensar en un futuro con nuevas tradiciones y recuerdos aún mejores junto a una persona que es capaz de viajar a ultimo minuto solo para verme.

Y después de mucho tiempo, vuelvo a sentir esperanza.

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