Archivo de la categoría: Adolescentes

Renacer

Botea botea, la pelota,
que hacía mí siempre rebota.
Lanzo y ruedo fuertemente
y otra vez, la tengo en frente.
 
Yo no quiero que sea mía,
pues no me gusta su poesía.
Que de espinas está llena
y sin luz tiene su prisma.
 
Botea botea, ya pelota,
botea lejos de mi asilo,
que el desespero ya me inunda
y la soledad, a mi has traído.

Oh Pelota, a donde has ido,
Mejor vuelve ya a mi nido.
Hoy de ti he aprendido,
que mi enemistad no va conmigo.
 
Sigue y ya no marches,
que a abrazarte, he corrido.
Te pondré un nuevo aire
y al lustrarte, darás brillo.
 
De esta forma me he vestido,
me he peinado y he surgido.
Así, al visitar mi reflejo,
de nuevo, he sonreído.
 
POMELIA
Por: Daniela Figueroa C.
 

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La Bella Y La Pandemia (Dias 11,12 Y 13)

-Día 11-  

A pesar del festín de anoche hoy aun me siento un poco triste y confundida. Así que salgo a caminar un rato en medio del horario de trabajo, realmente lo necesito. No sé muy bien a donde ir entonces sigo el camino que se ve más transitado, camino a paso lento al lado de grandes campos verdes vacíos salvo por algunos árboles. El contraste del verde con el azul intenso del cielo es un regalo para la vista, pienso con agradecimiento que tengo mucha suerte de no estar en la ciudad, sigo caminando y me concentro en los sonidos a mi alrededor. Me doy cuenta por primera vez de la impresionante cantidad de pájaros que hay, tan solo poniendo un poco más de atención puedo percibir todo un concierto de sonidos. Estoy maravillada pero esa sensación dura muy poco pues mi mente traicionera empieza a irse a otros lugares, no muy agradables, donde me pregunto o analizo sin parar cosas sin sentido.

Me pongo los audífonos para dejar de escuchar el concierto siniestro de la mente y me pongo a escuchar a Diana Uribe, quien ha sido una de mis compañeras invisibles más queridas desde que llegue a Francia, miro la lista de episodios de su podcast y encuentro uno nuevo que se llama “la literatura en tiempos de pandemia”, lo empiezo a  escuchar y por algunas razón al oír a Diana hablar de lo que estamos viviendo en este momento hace que todo se vuelva  más real que nunca, con ese pensamiento siento que se me pone de a pocos la piel de gallina, pero a pesar de eso me siento tranquila, la vista de las montañas a lo lejos y la voz de Diana hacen que por fin acepte la realidad en la que estoy con algo de serenidad.  

El camino me lleva a una callecita asfaltada rodeada por varias casas, algunas de ellas son impresionantes, — definitivamente estoy en la parte rica del mundo —, me digo mientras las observo. Cuando mi atención vuelve al podcast Diana está hablando del libro “La peste” de Albert Camus:  

“Desde siempre las pandemias han planteado dilemas de la existencia por la consciencia de fragilidad. Frente a las pandemias muchas cosas que parecían importantísimas dejan de serlo, muchas cosas que parecían eternas dejan de serlo… Hay una relativización tan grande de todo lo que dábamos por seguro y una inseguridad de todo lo que dábamos por cierto y una sensación de que todos aquellos que se han sentido invulnerables, más allá de todo, por sus logros, por sus éxitos o por sus fantasías se empiezan a ver también ante lo relativo de que cualquier cosa es posible. Lo primero que se rompe es una cotidianidad y cada día es totalmente diferente e inimaginable y esto nos lo cuenta Camus en la peste.”

Paro el reproductor para poder asimilar cada palabra dicha y para cuando inicio de nuevo la reproducción ya he llegado al final del camino de asfalto. Miro hacia atrás pensando que tal vez deba regresar, pero al volver la vista hacia delante, noto un pequeño camino que se abre entre los árboles a mi derecha, dejo que mis pies me lleven hacia él, y sin saberlo aún, entro al lugar donde más tarde intentaría desvelar varios dilemas relacionados a mi propia y particular existencia: 

 El bosque.   

*Pueden escuchar el episodio mencionado en esta historia y otros episodios del maravilloso podcast de historia de Diana Uribe en Spotify o ingresando a www.dianauribe.fm 

-Día 12-  

En la mañana hacemos inventario de lo que nos queda de comida, contando naranjas, me da sed y decido comerme una mientras que termino el trabajo, escojo una pequeña que parece caída de uno de los árboles cercanos y no del super, la corto y veo que en su carne amarilla hay unas manchas rojas de una consistencia rara, como de sangre. Miro a Estella espantada en busca de respuestas, ella se ríe y me dice que es una orange sanguine (1) que la pruebe sin miedo que son bastante ricas. Yo la pruebo tratando de evitar pensar en esas manchas rojas, la saboreo y no le encuentro ninguna diferencia de gusto con una naranja “normal”, decido que eso es algo bueno y me la termino de comer.  

Estella y yo vamos a hacer las compras. Ya en el supermercado me conmuevo al ver que la gente se evita, pero igual se sonríe. Vamos a la sección de carnes con nuestra pequeña lista y el carnicero de turno nos saluda con un casi eufórico, — Bonjour, Bonjour Mesdames! Quest-ce que vous allez prendre?- (2) Yo dejo que Estella hable y me quedo en silencio fascinada con el cuadro que estoy viendo, el carnicero parece sacado de un cuento infantil, un cuento infantil francés claro, su cara muy blanca que resalta con sus mejillas rojizas, su boina negra de lado, su delantal blanco un poco ajustado y sus ademanes alegres y energéticos le dan un aire de adorable regordete. Unos cuantos cortes y ¡voilà! Nos despedimos del carnicero y él nos desea un bonne journée (3) bien cantadito que se queda un rato en mi cabeza. 

De vuelta a casa, en el carro, pasamos frente a algunas casas, varias personas están en sus jardines aprovechando el buen clima. Miro a la gente desde la ventana y esta me devuelve la mirada algunos segundos y luego vuelve a su comida, conversación, o lectura. De la nada siento una oleada de compasión y amor. Miro a Estella que conduce y le doy mi mejor sonrisa de agradecimiento por estar conmigo en estos momentos de incertidumbre. Ella me sonríe de vuelta.  

(1) orange sanguine: Naranja sanguínea también conocida como naranja roja. (2) ¡Buenos días mis señoras! ¿qué van a pedir? (3) Pasen un buen día,(traducción no literal del francés) 

-Día 13-  

Después del almuerzo me quedo con Line y Rebecca en la cocina hablando, en algún punto de la conversación ellas me preguntan por mi vida amorosa desde que llegue a Francia y yo les hago un resumen de mis aventuras y desventuras. Ellas parecen estar divertidas con mis historias y la verdad es que yo también la estoy pasando bien contándoselas, pero después de algunas anécdotas decido desviar el foco de atención hacia ellas haciéndoles la pregunta fatídica por excelencia: 

—¿Cómo se conocieron?—. 

 Ellas se miran entre ellas con curiosidad un momento y Rebecca rompe el silencio diciéndole a Line que la deja a ella responder. Line me cuenta que se conocieron en un club de futbol femenino en Londres y que durante un tiempo ella sintió que tenía una conexión con Rebecca, pero creía que nunca iba a pasar nada porque Rebecca tenía una relación seria en ese momento con una chica chilena. Después de darme algo más de contexto ambas contaron los detalles de la noche en la que las dos se empezaron a ver “de otra forma”, hablaban con algo de timidez sobre ese momento, sobre todo Line. Yo, enternecida con su historia les pido que me cuenten más, pero para cuando el tema del cambio repentino de pareja de Rebecca sale a la luz , ella solo dice que fue una situación muy complicada y sin más detalles cambia de tema.  

El día está muy gris, pero Rebecca tiene ganas de salir a caminar, Line y yo decidimos venir con ella, Line me ofrece una chaqueta de invierno que pertenece a su madre, yo al principio rechazo su oferta, pero al final la acepto. Salimos y empieza a llover un poco, el día está realmente frio y me alegro de que Line me hubiese ofrecido esa chaqueta, caminamos rápido para evitar congelarnos y cuando llegamos a la calle de asfalto Rebecca y Line empiezan a correr y a saltar como niñas pequeñas, yo no tengo la energía para hacer lo mismo, pero me muero de la risa viéndolas saltar de aquí para allá y jugar a empujarse la una a la otra. 

Al llegar a la entrada del bosque decidimos volver porque el día está demasiado frio como para disfrutar de la caminata, tomamos un camino desconocido para mí, pasamos en medio de un inmenso campo verde donde hay varios árboles de hermosas flores blancas, Line y Rebecca corren un poco delante de mí, y justo cuando el terreno empieza a descender yo empiezo a correr con ellas, las tres damos grititos de alegría mientras saltamos bajando por el valle a toda velocidad.

A unos metros, tenemos que parar en seco al toparnos con una cerca que nos separa de un gran grupo de árboles, Line pasa la cerca con decisión y nosotras la seguimos, caminamos un rato entre los arbustos, el aire es espeso pero me dejo seducir por el olor a tierra mojada que lo impregna todo, de repente, los árboles se abren paso y veo la casa a lo lejos, desde esa nueva perspectiva parecía que fuera otra casa, pero no, era es la misma casa en la que me había sentido privada de mi libertad y un poco deprimida desde hace ya más de una semana. Tal vez era hora, precisamente, de intentar ver este lugar desde otra perspectiva. 

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LA BELLA Y LA PANDEMIA. (DÍA 4)

-Día 4- 

En la tarde me encuentro con la noticia de que Colombia va a tomar medidas preventivas por el virus, entre ellas el cierre de fronteras por un periodo de 30 días.  — Se están tomando las cosas en serio —, le digo con alivio a Line que me pregunta por la situación en mi país. Pero cuando me quedo finalmente sola en la cocina hago lo que puedo por ignorar la insoportable angustia que me genera pensar esa puerta de regreso cerrada así sea por algunas semanas.  

Cuando Estella llega a la cocina estoy sentada mirando hacia la nada. En ese momento no quería hablar con nadie y menos con ella, así que le sonreí y pretendí que estaba concentrada trabajando en algo. Muy a mi pesar la generosidad de mi coloc (1) y el control que tenía sobre todo se estaba volviendo un peso para mí. Era una dinámica de poderes donde yo tenía todas las de perder, donde sentía que no tenía mucha voz ni voto en nada por miedo a parecer desagradecida. Me di cuenta que desgraciadamente había convivido toda mi vida con ese tipo de dinámica, después de todo la infinita generosidad de mi abuela no podía ser solamente una virtud cristiana.  

Llega el momento del apero y yo hago Gin-tonics para todos. Todo el mundo está de buen humor para la cena incluida yo. Después de la cena tomamos la tisane (2) y compartimos una tableta de chocolate. Ellos empiezan a jugar la belote(3), que para mí es como una especie de póker francés, que intento entender y que Line se esfuerza por explicarme pero que parece que no está entrando en mi cerebro como debería.  Me conformo con asociarme con Line para ver sus jugadas y me digo a mí misma que algún día hare el debido esfuerzo de aprender a jugarlo sola.  

1 día antes del confinamiento:  

Abro Youtube para buscar el discurso de Macron.  Su voz y sus maneras pausadas hacen que pueda entender todo lo que dice.  En el minuto tres anuncia que ha decidido poner a la población en confinamiento obligatorio al menos por dos semanas. Dice que Francia está en guerra, me pregunto si habré entendido mal, pero lo repite varias veces. 

 — Estamos en guerra! —. 

Cierro la tapa del computador un poco confundida.  

Voy a la cocina por un vaso de agua y de la nada empiezo a hiperventilar. Agarro mi celular y escribo con manos temblorosas en Google: 

¿Qué hacer cuando tienes un ataque pánico? 

(1)coloccolocataire: Compañero de piso.  

(2) tisane: Aromatica.  

(3) belote: Juego de cartas francés. 

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Historia De Amor En Los 60. Parte 2

Miguel estaba eufórico.

¡Por fin podia gritar su amor a los cuatro vientos!

¡Por fin podria expresar sus sentimientos a Paula!

Estaba ansioso de que llegara la tarde.

Antonio habia vuelto a organizar la fiesta en su casa. El guateque como le llamaban entonces.

Ya no iba a sentir la punzada que sentía cada vez que viera bailar a Paula con Manuel.

Después, cuándo todo acabara le pediria a Paula un momento para hablar.

Saldrian a la calle, pasearían y le declararia su amor.

Esta vez se sentia seguro. Esperanzado. Mas enamorado de ella que nunca.

La verdad es que se le hizo eterna la tarde. Sobre todo porque Paula había bailado con Manuel y el como cada vez con Maria.

No le importaba. Iba a decirle a Paula cuanto la quería. Cuantas cosas sentía por ella. El amor tan grande que lo invadía.

Manuel por su parte sabia lo que iba a ocurrir.

Habia quedado impresionado por lo que su amigo Miguel le habia contado. Ese amor que su amigo sentía merecía una oportunidad.

Al fin y al cabo Paula tendría la última palabra.

Llegó la hora. Terminó el guateque y Manuel invento una gran excusa para irse y dejar el camino libre a Miguel.

Paula quedó un poco extrañada pero no le dio mucha importancia.

Ella era muy joven e inocente.

Nunca había besado a ningún chico. Ni siquiera a Manuel. Ni Manuel había intentado besarla. De hecho la había respetado mucho.

-Paula, – dijo Miguel un poco nervioso – ¿le ha pasado algo a Manuel? –

-No, nada malo, se ha tenido que ir, su padre le ha llamado.

-¿Quieres que te acompañe a casa?

-Vale mis padres no quieren que vuelva sola.

Era maravilloso estar con ella. Por fin a solas y sin nadie que escuchara alrededor.

-Paula, perdona que te lo diga asi de repente pero quiero saber una cosa. ¿Vas en serio con Manuel?-

Paula se sonrojó. No sabía que contestar. La forma de mirarla de Miguel nunca había sido tan intensa, y dentro de esa mirada se veía un deseo suplicante de sinceridad.

-Bueno, la verdad es que nos gustamos…pero

-No puedo mas Paula. – Miguel se armo de valor. Era su oportunidad y tenía que aprovecharla.

-Estoy enamorado de ti. Pero no como te lo imaginas. Es mas que eso. Lo que siento por ti es tan grande, tan importante que no puedo esconderlo por mas tiempo.

Mis sentimientos son sinceros te lo prometo. Me duele el corazón de no tenerte a mi lado. Es tanto lo que te necesito que se me hace muy difícil no tenerte. Te quiero de verdad, te amo de corazón…

Paula quedó  sin palabras. La sensación que había corrido por su alma escuchando aquella declaración de amor tan sincera y sentida, era algo nuevo para ella…

Continuará….

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Miedo A LA Oscuridad

Cuando era niña tenía miedo a la oscuridad.

Siempre he sido muy fantasiosa y eso tampoco ayudaba. Recuerdo la primera vez que mis padres me asignaron mi propia habitación.

Había estado durmiendo desde que nací en la cuna en el lado de la cama donde se acostaba mi madre y hasta los tres o cuatro años me cogía de su mano para dormir.

Recuerdo vagamente aquellos momentos de tranquilidad . Mi madre me daba la mano a través de los barrotes de la cuna y yo me quedaba dormidita sin miedo a los monstruos del armario que pudieran estar acechando en mi mente….

Después cuando me hice más mayorcita dormía en la misma habitación que mi hermano , cada uno en su camita con la típica cabecera de níquel , y yo contenta de tener a alguien a mi lado. Aun así recuerdo que me tapaba con la sábana hasta la frente cuando apagaban la luz…sigo haciéndolo….

Y llegó el momento de dar un paso más. Cuando cumplí unos seis años , mis padres cambiaron mi cama a la habitación más lejana de la casa, o al menos eso me parecía a mi.

Para llegar hasta ellos tenías que atravesar la cocina, una salita y medio comedor. Y entonces llegabas a su habitación.

La mala costumbre que tienen los padres , aunque con buen motivo y con cariño siempre era el decirte que iba a venir el coco. ..

Y sí, cuando se apagaban las luces entonces venía el coco. En esa oscuridad horrorosa para mí, me imaginaba todo tipo de cosas que asustan. Recuerdo pasarlo muy mal.

¡Cuantas noches llamaba a mis padres llorando de miedo!

Mi padre se levantaba, pobre hombre, a pesar de que para trabajar tenía que estar en pie a las seis de la mañana, y entonces cogía mi colchón y lo llevaba a la habitación de mi hermano . Lo colocaba en el suelo y allí que me tiraba yo la mar de contenta.

Las cosas no mejoraron cuando nos cambiamos de casa. Aunque las habitaciones estaban más juntas yo seguia teniendo miedo a la oscuridad a pesar de tener ya diez años.

Uno cree que cuando crezca ese miedo tonto va a desaparecer pero tengo que decir que después de cambiarnos de casa de nuevo , ya con 24 años , esta vez en un adosado con buhardilla en donde instalé mi habitación,seguia sintiendo miedo a la oscuridad.

¿ Que hay en la oscuridad que tanto nos atemoriza?

Si la noche está hecha para dormir, ¿ Porque nos la pasamos en vela amedrentados por la ausencia de luz?

Está todo en nuestra mente. Yo reconozco que soy y he sido siempre muy fantasiosa e imaginativa y lo he pasado muy mal por ello.

Aún hoy con mis 39 años tengo esa extraña incomodidad al apagar la luz, aunque ahora ya sé que tengo que afrontar ese miedo. Mirarlo cara a cara y vencerlo.

El miedo en realidad no existe. Lo genera nuestro cerebro ante situaciones de verdadero peligro para salvarnos la vida en un momento dado. Lo que ocurre es que a veces el cerebro se confunde al entender que alguna situación o momento en la vida son tan horripilantes que nos genera esa ansiedad terrible hacia algo tan normal como la oscuridad .

Deshecha este miedo de tu mente y duerme tranquilo/a. ¿ Que sería de las estrellas y la luna sin la oscuridad?

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