Mi Intento Fallido.

 

Envenenada busque el antídoto en tus brazos, me miraste y aspire la decepción que exhalaban tus pulmones y fue ahí cuando me di cuenta del error que cometí.

¿A quién se le ocurre buscar la salvación en su verdugo? Me dejaste ir, mientras los dardos de tu juicio atravesaban mi espalda.

Me disculpe mil noches con el viento y con las nubes que fueron testigos de mi derrumbe.

La lentitud de mis pasos y los tropezones hasta aquel escondite que hasta hoy sigue siendo mi escudo.

Mis parpados y mi mente se volvieron pesados, el sueño milagroso me llevaba, el rocío de las lágrimas mojaba mi cuerpo y la culpa me acunaba en una canción de dolor y angustia…

Los santos de aquel infierno dieron su veredicto; aún debía seguir.

Pero, aunque volví, aunque realmente nunca me fui, ya no estoy aquí. Me quede en aquel abrazo, en su ropa, en aquella noche fría, en el llanto, en las nubes…

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