Mi Encuentro Con Homero Simpson



Un día radiante de mucho sol me sucedió algo extraño, llegue a esta plaza como todas las mañanas a tomar sombra, como siempre me senté bajo aquel árbol, todo fue tranquilo hasta que frente a mi vista apareció Homero Simpson con un cajón de cerveza y me invito a emborracharnos. Me contó que no soportaba más a Lisa y a Bart porque estaban traviesos y no le dejaban mirar tele y le escondían sus galletitas y sus latitas de cerveza, entonces decidió huir unas horas de su casa. Camino la calle unos minutos hasta que se detuvo en un supermercado atestado de cervezas y decidió asaltarlo, solo logro robarse un cajón porque enseguida llego la cana sin embargo no lo pudo apresar porque hizo magia y apareció frente a mí. Estuvimos horas hablando, emborrachándonos, hasta que emergió la luna, le guiño un ojo y de repente desapareció. 

Sigo circulando todas las mañanas por esta plaza pero Homero jamás volvió, aunque durante semanas quedaron marcas de sus zapatillas; hoy ya no están más, aunque por semanas el árbol se tambaleo como borracho quizás por el aroma de esas cervezas que nos tomamos; hoy ya no se tambalea más. 
Y la gente que por semanas no se acercó a la plaza porque parecía embrujada de pronto la pobló porque ya se le fue el embrujo, aunque a mí ese supuesto embrujo no me causo nada y nunca deje de venir. 

Ahora aparece un pibe y me pregunta ¿Qué hacías esa tarde hablando solo, diciéndole Homero al viento, haciéndote el que tomabas cerveza, tomando solo del pico de las botellas del viento, haciéndote el borracho? 

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