“A Esa Mujer Tan Bella”

El destino la puso en mi camino, nos encontramos, conversamos y nos tocamos el alma con tan solo mirarnos,

En realidad no podía dejar de pensar que no formaba parte de una mis tantas ilusiones ópticas creadas por mi mente, ella no formaba parte de mis múltiples fantasías desenfrenadas,

En verdad estaba ahí, frente a mi con su dulce aura y su cálida voz que me envolvía con un manto universal de emociones sin explicación, me hicieron falta las palabras para decirle cada una de las cosas que tengo guardas para ella en el baúl de mi profundo pecho, me quede sin tiempo para seguir mirándola, me di cuenta que me había quedado sin el latir de mi corazón cuando ella tuvo que despedirse diciendo que no me quitaría más el tiempo,

“Si ella tan solo supiera que es mi espacio y tiempo”

Con estas palabras me refiero esa mujer tan bella que existe en esta tierra, ahora tan solo le pido un favor simple al destino que le diga a su hermano el viento que con sus largas alas lleve mis palabras hasta la ventana de esa bella dama y le susurre al oído que de ella yo estoy profundamente enamorado.

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ANDAMIO

Cada día es distinto, el sol no siempre brilla de la misma manera, el cielo no siempre es azul, el viento no siempre tiene el mismo ímpetu para golpear tu rostro.

En cambio, tú siempre has mostrado una demasía de matices que aunque cambiantes son no dejan de ser fulgurantes y abrasadores.


Te observo, es ostensible que cada vez que dirijo mi mirada hacia ti es como si fuese avanzando a un andamio bizarro: en cada nuevo peldaño voy evolucionando y aproximándome más a ti.

Autora: Gabriela Valencia

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El Amor Es Un PlesAgio

Le cuenta al mundo de lo que la vida me ha regalado De lo que a mucho le ha faltado lo que a mi me sobrado me ha enseñado que mi felicidad es poder estar a tu lado hay días que me he sentido alegre y triste al mismo momento sentir tenerte cerca pero la verdad estando lejos que complejo es el destino cuando se junta con cupido que fuerte amarte y desear tocarte acariciar cada parte de su cuerpo pero darse cuenta que estas tan lejos que injusto la vida en estos momentos pero sin importar la distancia te mando millones de besos estos versos se que lo sentirás en lo mas profundo de tu sentimientos no cansare de decirte te amo sin importar la distancias o el tiempo

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La Bruja Wajajaza

¡Wajajaza…!, ¡wajajaza…!, todas las mañanas esas carcajadas chillonas nos despertaban a todos sin excepción, mamá decía que teníamos un despertador natural, pero para mi hermana y yo resultaba muy, muy escandaloso y horrible, ya que teníamos que levantarnos más temprano.

En el vecindario la apodaron “la bruja Wajajaza”, mis padres decían que debíamos respetar a las personas mayores, pero a veces ellos se confundían y se referían a ella como “La wajajaza”, luego se sonrojaban y pedían disculpas.

Los de mi grupo éramos cinco y queríamos saber qué cosas de bruja hacia la señora Wajajaza o mejor dicho la señora Norma Pareja, pues así era conocida en el mundo de los adultos.

Sucedió entonces que un día mientras jugábamos en la calle, a alguien del grupo se le ocurrió que debíamos mirar por la ventana de la casa de Wajajaza, ya que ella había salido, enseguida muy disimuladamente y para que los vecinos no sospechen de lo que íbamos hacer, uno a uno fuimos colocándonos en la ventana, ¡oh… ¡ con asombro vimos varios animales disecados como adornos en su sala, entonces ahí comprendimos que se trataba de una verdadera bruja malvada que mataba y bebía la sangre de los pobres animales, quizás para tener más poder y larga vida.

Esa noche no pudimos dormir, varios de nosotros habíamos tenido pesadillas, pero…, menos mal que nos quedaban dos días para ir al colegio y reponernos del susto.

Sin embargo, nuestro miedo fue en aumento cuando vimos a la “bruja wajajaza” caminando por los pasillos de nuestra escuela, pensábamos que nos estaba siguiendo, seguramente buscando el momento oportuno para disecarnos.

No obstante, lo que nos dejó paralizados fue cuando nos llamaron al laboratorio para asistir a una clase; “¡Como disecar animales?”, donde la expositora sería ella, ahora estábamos peor que antes, nos sentíamos desilusionados y culpables a la vez, más aún cuando papá comentó que la semana pasada el gallo de la vecina Carmen había sido atropellado y ella andaba muy triste, hasta que la profesora Norma Pareja nuestra vecina se comprometió ayudarla, pues ella disecaba solo animales que habían sufrido un accidente, además había invitado a los vecinos y vecinas a practicar la “risoterapia”, pues comentó, que desde que sus hijos se casaron y se fueron a vivir a otro lado, esa forma de reír le ha ayudado bastante.

Al escuchar todas esas historias sentí mucha pena por mí y los de mi grupo, ¡Qué equivocados habíamos estado!, quizás fue desde ese momento que comenzamos a sentir admiración y a llamarla “Doña Norma”.

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Nuevo Hábito

Nuevo hábito

Golpea la mesa de la computadora con fuerza, pues la ansiedad está llenando su piel. Sudores y temblores lo sofocan; su corazón agitado pareciera salirse de su pecho. La respiración entrecortada anuncia descontrol.

¡No puede esperar más!

Cada día se hace más difícil, más intenso…

Decide no esperar todo ese tiempo por el envío, tendrá que ir personalmente.

Camina en círculo frente a la tienda, las personas lo observan extrañados con su comportamiento, por lo que él se detiene, lo menos que necesita es llamar la atención.

Aprieta su cabello, la ansiedad llenando su sangre.

Suspira…

Nadie tiene que saberlo. Sería una compra normal y no se tienen que enterar. Muerde su labio inferior, se saborea al imaginarse la textura, el olor a nuevo…

Las manos le tiemblan…

Decide entrar de una buena vez, observa todo a su alrededor y su corazón salta de la alegría. Temblores y escalofríos lo recorren, los latidos en su pecho son vehementes y su boca emana más saliva de lo normal. ¡Tiene tantas ganas de hacerlo allí! Retira su mano de esa zona, pues hay gente a su alrededor y no quiere ser mal visto.

Él camina cabizbajo, oculta su rostro con miedo y vergüenza, se siente juzgado y fuera de lugar; solo quiere salir de allí y llegar a la soledad de su apartamento para liberar su deseo.

Casi salta del susto al chocar con alguien. Ella se disculpa y le sonríe. Él se queda helado, el mutismo en sus labios, la confusión amenazando su cordura. Los latidos de su corazón aumentan, sus mejillas se tornan rojas y su estómago se encoge por aquella extraña emoción.

Esa sensación es nueva, peligrosa, excitante, arriesgada… Observa lo que ha escogido y se lo imagina en aquel cuerpo voluptuoso, tan bien proporcionado, como si un experto lo hubiese esculpido; no cabe duda de que llenaría la lencería en sus manos y casi se le salen las babas al cerrar los ojos y verlo en su imaginación.

—Hola —la chica le sonríe con amabilidad y cortesía. Empatiza con aquel chico tímido, que se ve tan frágil, tan dócil, tan inocente e inseguro.

—H-hola —él tartamudea, mientras peina su negro cabello con los dedos. Ella extiende su mano, pero él duda por unos segundos, con ambivalencia decide estrechar su esponjosa palma; el goce es inexplicable, al parecer, había descubierto una nueva sensación, más exquisita que las anteriores.

Ella parlotea sin parar y sus ojos brillan cuando él le dice que le compra la ropa interior a su hermana. Caminan fuera de la tienda femenina con sus bolsas en manos, ella riendo y él observándola. Solo se la podía imaginar con aquella lencería rosa.

Un helado, risas provenientes de ella, sonrisa en los labios de él. El almuerzo sería en su departamento, pues él se ve un chico inofensivo.

La comida estuvo exquisita y ella bebe mucho vino, tanto, que ya no tiene voluntad propia.

Él se lame los labios, es su momento…

La ropa de la chica cae al suelo, ella no puede luchar, las fuerzas la abandonaron. La lencería rosa se le ve bien, lame sus labios y se sienta frente a ella porque le encanta la vista, se acerca…

Acaricia la lencería sobre su piel, huele todas las zonas que estas cubren, la chica ríe ajena de lo que sucede, y él empieza a tocarse. Sonidos de excitación salen de su boca, su respiración es errática y su corazón acelera sus latidos, es una nueva sensación, más exquisita que la anterior…

El efecto del alcohol pasa y la chica se despierta espantada. Él la observa desde la silla donde está sentado, ella se inmuta, está aterrada. ¿Por qué yace en aquella cama con la lencería que él compró puesta? ¿Por qué su cabeza duele como el demonio?

Él la observa con frialdad, se siente asqueado y ya no la quiere ver respirar. No le es útil, necesita deshacerse de ella.

Se acerca, ella tiembla, pues no le gusta esa mirada. Pero ¿qué podría pasar? Él es un chico frágil, tímido e inseguro, no se ve peligroso.

Sus piernas se mueven erráticas, su cuerpo está luchando, su respiración se apaga…

Él da una última mirada al callejón y se aleja, los recuerdos de su nueva travesura llenándolo, una sonrisa retorcida da la bienvenida a un nuevo hábito, y a la investigación de varias muertes por asfixia de chicas que compran lencerías y se van con un extraño a su departamento.

Fin

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