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Nocturnos

Esa tímida dulzura en sus pasos, el viento sonríe cuando la ve caminar, el Sol está en sus ojos y las nubes dejan de pasar.

Y yo allá, porque parece que estoy aquí, en la escena, con ella, con los árboles y las nubes y el pasto que nos sostiene, pero el tiempo se ha convertido en otra cosa, me ha llevado a otro lugar, quizá el lugar desde donde observo tu forma de ser, la naturaleza del presente reflejado en tus gestos y en todo lo que aparece.

Memorias que olvido… ¿En dónde las olvido?

¿Van al espacio para jamás regresar?

Y, si eso también soy yo… O bueno, de otra manera:

¿Van hacia dentro para volver eternamente?

El inevitable: Dos pasos atrás, luego dos adelante, hay que mantener todo en su lugar.

Las mascaras se vuelven una patada y mil groserías.

¿Qué acto tiene más amor, uno en donde se comete el bien, a pesar de saber que afectará su polo, el mal, en terceras personas, o, en cambio, hacer el mal porque se sabe que el polo afectado será benévolo en los demás?

Las travesuras en tu mirada, la canción de tu sonrisa, los misterios de tus palabras y el significado de tus silencios, escucho tu voz en mis sueños más profundos. Al despertar estoy sudando, mi corazón late rápido, mis pupilas están dilatadas y percibo esa sensación de haber visto esto antes. En mi mente no hay nada, no busco, pero en los símbolos, las formas, colores y sonidos, en la naturaleza viva y las energías que viven en el espacio y la materia, en cada forma del tiempo estabas tú, y al final del viaje abrazaste la desnudes en mi alma, no te podía ver, te sentí, dejaste un mapa invisible en la vida y cuando lo seguí llegué a mí mismo, al llegar te encontré y entendí que nunca te habías ido.

Puedes ver con tu ojo derecho o con tu ojo izquierdo, reír de un chiste para continuar en el viaje o diseccionar el chiste y convertirlo en un amargo trago por pasar.                                                                            Puedes ver con tus dos ojos o con tu tercer ojo, penetrar en el equilibrio de la existencia y ser, vivir en el aquí, entrar en la luz. O, dejar abiertas las puertas, permitir que todo pase y pasar por todo eso, ir en la obscuridad y sus raros misterios.

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Fue Solo Un Sueño, Ella No Estaba Acá

Caminaba por las calles de esta  ciudad de manera desconcentrada y sin darme cuenta de mi alrededor, tal vez por eso creí verte parada frente a mí, a unos 8 metros de distancia, estabas con una chaqueta roja y un vestido azul, tu cabello era lacio y me mirabas con una gran sonrisa y los ojos brillosos.

Yo estaba con una chaqueta azul, un pantalón beige y unas zapatillas negras. Nuestras ropas no eran tan iguales, pero eso no nos importaba.

Fui corriendo dónde ti, no quería perder el tiempo, quería estar contigo y tú me esperabas, bajo la luz de aquel poste. Todo se tornaba oscuro pero los dos nos encargamos de darle color a ese momento.

– Mardy, no sabes cuanto tiempo te esperé- Te dije mientras sentía como tus brazos rodeaban mi cuello.

No quería soltarte, quería que el tiempo se detuviera, al fin estaba contigo.

– ¿No sabes cuantas ganas tenía de hacer esto? – y en verdad, no creo que lo sepas..

Y, te juro que quería seguir diciéndote varias cosas, pero me callaste de la forma mas hermosa que conozco, me mandaste a callar con un beso, pero este fue distinto, un tipo de beso que nunca sentí. Tal vez me sentí extraño porque no besaba a cualquier chica, besaba a la chica que amo tanto.

Solo me limité a cerrar los ojos, tomarte de la cintura, apegarte a mi y dejarme llevar por el viaje que me generaba tus labios. Esto era la mejor droga, era mi mejor viaje. Y no quiero que acabe ….

Pero, entonces abrí los ojos y no estabas tú, no había nadie, todo estaba negro, todo fue un sueño. Una vez mas golpeé la maldita almohada y me limpie una que otra lágrima. No estabas aquí y tal vez, tampoco lo estés.

Anthony Kenneth.

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