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Nuestro Asunto Pendiente – El Asunto Pendiente De Diana 3

Diana había conocido a Vicent apenas unas cuantas semanas atrás se había mudado cerca de la casa en una localidad pequeña donde habitaban cerca de cincuenta pobladores, se había acercado hacia este nuevo vecino quien parecía solitario y triste, Diana una niña inocente aun, se había visto conmovida y reflejada por este.

El nuevo vecino había recibido de buena manera a Diana y esta le había estado preguntando de su anterior hogar, la joven quien había pasado de una burbuja a otra tenía curiosidad del mundo.

Tras oir tan confusas palabras preguntó una vez más: ¿Qué pudo haber hecho una niña para morir junto con las personas que le dieron la vida?

Vicent primero observó inexpresivo a Diana con sus serenos ojos grises y luego respondió: Compartes la sangre, veras yo quería que muriera toda la familia Montañablanca. Su crimen es existir. Diana quizás no lo entiendas pero con su muerte he saciado mi sed de venganza.

Diana no pudiendo escuchar más salió corriendo lejos de los límites de la casa de Vicent, pero antes escuchó un ruido familiar, eran las sirenas de los autos de los autos de los policías, quienes se acercaban al lugar. Apenas unas semanas Vicent había llegado a la localidad arrastrado por la preocupación del destino de aquella pobre niña quien había visto la escena de los cuerpos de sus familiares deformados por lesiones rodeados por su propia sangre. A pesar de que ella no podía recordar nada de lo que había sucedido ese día, tenía que vivir con el amargo recuerdo de unos padres que ya no están y de un crimen sin resolverse.

El único testigo decidió hacer algo al respecto, mientras que el verdadero responsable se esconde tras una máscara.

Ahora, Vicent se prepara para su hora cero y Diana podrá obtener la justicia que tanto anhelaba, pero ¿cuál es el verdadero propósito de Vicent?

¿Qué es lo que realmente sucedió hace dos años?

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¿Qué Nos Pasó?

¿QUÉ NOS PASO?

(Cristhian Rosales)

Nuestro amor tan irracional,
con sus cambios discretos y buenos momentos,
con la desconfianza de por medio 
que carcomía nuestro pensar.
Con la forma tan sutil de decir te quiero,
es mejor dejar las cosas así.

¿Qué le paso a la insistencia de seguir?
¿Se acabaron las ganas de continuar?
Fantasmas que se reflejan como inseguridades,
demonios que se interponen a la pequeña luz 
de nuestras manos entrelazadas que; al caminar, no importaba nada más que estar juntos.

Tu perfecta mirada, y mi manía de sentirla;
tus perfectos labios 
y mi inquietante obsesión por besarlos,
Ahora estas pero no te puedo sentir
¿Tu deseas sentirme?

Nos faltó tanto por vivir, o vivimos lo suficiente
¿Entregamos todo de nuestro existir?
¿Te aburriste de mi forma de ser?
¿Qué nos pasó? 
¿Por qué tu irracional forma de dejarme ir?

Ahora, continuo con mis días;
ocupándolos para tratar de no pensar en ti,
sé que no volveré a sentir lo que siento por ti;
pero, si no fui lo suficiente para ti, 
y solo te hice sufrir,
es mejor dejar las cosas así.
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Era Hermosa Como Su Tierra, Piel Morena.

     A la edad de quince años no sabía leer, mucho menos escribir. Su nombre guardaba un secreto y sus ojos habían contemplado cosas que muchas personas no se imaginarían.
     La vida siempre hermosa y siempre cruel, había arrebatado a su madre con un par de luces de poco brillo y el sonido de la goma consumiéndose en el pavimento. Ella no entendió, fue abruptamente repentino y ese «señor» no se molestó en detenerse a explicarle. 

     Quedó allí varada, muy cerca de la isla, en una calle apenas iluminada, producto quizás, de la delincuencia del lugar. Unos papeles, una firma y una sentencia le condujeron a su nueva morada, algo pequeña, algo lúgubre.
     Pasaron dos años antes de que pudiese mantener una conversación de al menos unos minutos. Callada y sumisa, acataba todo lo que le decía la hermana María. Ordenaba las camas de los niños menores que ella y pasaba la escoba, cada tres días hacía la colada y su vida poco más sentido que ese tenía.

     A su padre nunca le importó abandonarla, pues tenía una nueva mujer, una excepcional, a sus ojos perfecta «Bonita, sensual y nada intelectual».
     No le gustaba salir, el mundo afuera de esas paredes era peligroso, cada día un poco más. Había muerte por doquier, infinidad de personas, de maña y de honra, de cátedra y de pólvora, ésta tampoco distinguía entre géneros y edades.
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Frases De Amor

Aqui les presento 2 frases (tarjetas) que describen por una parte un sentimiento que despierta en nosotros y no le podemos mandar al amor como quisieramos, ya que este se manda solo…

Si te gusto compartelo con alguien especial para ti y si noto que les gusto, creare mas para ustedes con mucho gusto.

Gracias y que tengas un buen dia 🙂

#Tarjetas:

Pequeño Poema
Bonito ¿no creen?

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Susurro De Un Bosque De Lágrimas

Ella se trasladaba entre la hojarasca, rendida a una sensación de regocijo hasta ahora desconocida. Su piel tensa de expectación ante la más que probable promesa que había recibido. Su madre siempre le solía regañar por su capacidad de atención ciertamente volátil, pues de a momentos se internaba en sueños tan reales como el aire que respiraba, pero claro, «no era el instante ni el lugar, para estos pensamientos».

Comenzaban a caer algunas gotas, fina trama de lluvia, frías al contacto de sus mejillas. Más que un ritmo plausible se trataba de un susurro y más que un trazo aleatorio se trataba de arte.

Un crujido llamó la atención haciendo que se virase con fingida indiferencia. Había pasado más de media hora. El se acercó con una sonrisa, esa que tantas veces le había mostrado con ternura. Seguramente esperaba una «cálida» bienvenida. Ella lo detuvo colocando un dedo en sus labios y luego sin mediar palabra lo besó, allí debajo de la lluvia, al lado de los árboles que tantas veces habían ocultado su historia.

El beso pareció eterno, pero como el final de todo lo que alguna vez comienza también acabó. Hablaron de todo un poco, de su día a día, se divirtieron cual niños empapados por el clima. Un beso robado y algunas sonrisas, también robadas. Después de cuatro horas el tiempo se agotaba y cada uno tendría que regresar a sus vidas. El sacó de su bolsillo un collar de hilo oscuro y un dije tallado en madera, una gota, quizás de lluvia, era el clima favorito de ambos y el instante no pudo ser más idóneo. Se lo colocó en su cuello y luego le dijo al oído «Te amo». Ella le respondió con un abrazo y un último beso antes de comenzar a caminar de regreso.

El la observó guardando para sí cada detalle, no la vería por dos años, pero en principio también se les había negado esa despedida y fue el destino quien jugó las cartas para regalarles esas cuantas horas. Pensando esto no pudo evitar sonreír de nuevo, mientras en la distancia observaba como ella se trasladaba entre la hojarasca.

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