Archivo de la categoría: Cuentos

Relato de una Pesadilla

Cuando mi hermano me habló del sitio, me pareció un poco raro que la iglesia abandonara así un complejo tan grande.

Vi las palmeras y la orilla de la playa, caminamos frente a la vieja iglesia. Todo lucía derruido y viejo.

Me señaló las casas, blancas y de tejado naranja. Eran bonitas desde afuera. Una pequeña piscina en la parte trasera y al frente el ancho mar.

Una extensa línea de cocoteros pasaba frente a las casas y se perdía de vista.  “Los techos están reforzados porque los cocos al caer los rompen” dijo mi hermano.

Caminamos y llegamos al rato a un bohío, donde nos recibió el reverendo. Que hombre tan pavoroso, pensé; pero mi hermano lo quería de verdad.

Me senté en la silla que me ofreció.  “Aquí en la villa, aceptamos todo lo que está roto por la gente, porque la gente rompe todo” dijo el reverendo. Y me mostró un gato. Estaba remendado de una manera poco ortodoxa. Sus fracturas fueron cocidas con hilo quirúrgico y alambres.

El gato me ronroneó y se frotó entre mis piernas y sentí algo de aprehensión. Pero el gato era poco, comparado con lo que vi después.

Al lado de la playa, apareció un niño rubio. Rubio en lo que le quedaba de cabeza, porque juro que su cabeza parecía más bien una vajilla reconstruida.

La mitad de su cara estaba entera, pero la segunda mitad, estaba muy mal cocida a la primera. Podías ver dentro de su cráneo.

El niño, como embotado, se acercó para abrazarme. Mi corazón se agitó. Me abrazó y pensé que iba a romperlo de nuevo. Vi las costuras. El alambre entraba sin piedad en su piel y unía de una forma espeluznante un lado de su cara al otro. Las gotas de sangre seca se acumulaban en las oquedades que dejaba el alambre.

Sonriendo, el reverendo me dijo, “acá aceptamos lo que está roto”.

Me presentó a su esposa que era como una muñeca de trapo ambulante. Un rostro vetusto y enjuto, de Cabello entrecano y rubio. Su cara severa, parecía desconectada de cualquier expresión y vestía un traje de tela de lino que, quizás hace 100 años, fue blanco.

Todo era muy raro. Sentí un terrible deseo de huir cuando aparecieron mis vecinos. Era como ver la noche de los muertos vivientes.

Se acercaron: gordos, delgados, altos, bajos. Todos remendados, rotos, cocidos y recocidos. Muchachas que podrían ser reinas de belleza con hilos y alambres entre los jirones de cabello rubio o castaño.

Mi hermano me sonrió y me dio la bienvenida. El reverendo me preguntó si yo era católico, le respondí que sí, e hizo un mohín.

Me puso sus manos huesudas en los hombros y me acercó a la orilla de la playa. Mientras, Los vecinos formaron un semicírculo en el bohío.

El reverendo me dijo: “El mundo rompe a la gente buena. El mundo maltrata al hombre de alma noble. El mundo ataca sin piedad y nos hace sangrar el espíritu”.

“Pero nuestra iglesia no juzga. Nuestra iglesia, acoge a todo el que esté roto y lo remienda. Dime hermano ¿tú estás roto?”.

Yo le dije que sí: “Estoy roto. Endeudado. Abandonado. Solo.”

“¿Y buscas aquí un hogar?” dijo el reverendo.

“Sí” le respondí.

“¿Entonces, quieres ser remendado?”

Sentí un escalofrío. Como un templón que subió por mi columna.

Dijo el reverendo “aceptas a Cristo en tu corazón?”

Respiré hondo. Le seguiré la corriente y me largo de aquí. Esto es un cementerio de muertos andantes, pensé.

“Lo acepto” dije.

“Entonces, yo te bautizo en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo.”

Me sumergió en el agua y juro q pasaron horas. Al salir era de noche.

Mi ropa era negra. Sentía una extraña sensación. “Estás remendado” dijo el reverendo.

Entonces, cuando llegué al bohío, un niño espantoso cubierto de sangre y mugre me tiró una bola de arena húmeda.

El niño del cráneo cocido me miró con horror y huyó.

“¿Y mi hermano? ¿Dónde coño está mi hermano?”

No lo vi. Pero vi al reverendo. Lejos, alto en la torre de la iglesia abandonada. Así que corrí en pos de él.

Llegué a la puerta y la golpee. Las casitas de cocoteros quedaron a lo lejos.

Alguien se acercó y llamó. Me fui por la vereda de adoquines hasta la entrada de la villa. Y me dijeron “tu hermano está en la barraca de los novicios”.

Así que subí las escaleras y lo vi. Muerto. Su cara, era su cara, pero estaba quebrada. La sangre y las vísceras estaban expuestas a la noche.

Dolor. Ira. Impotencia. Maldición.

La emprendí a golpes contra el hombre que llevaba su cuerpo. Pero los golpes que le daba solamente aumentaba su indiferencia.

Sentí en mi cabeza, la voz del reverendo maldito que me decía “la sociedad nos rompe. A tu hermano lo rompió la sociedad, sólo que ahora puedes ver la verdad.”

Y ahí comenzó mi cruzada. Entré al cuarto de los novicios y con una palanca de hierro que encontré, comencé a apuñalarlos a todos. Pero ninguno gemía. Se despertaban asombrados. Como si le prendiera la luz a alguien que dormía.

Unas manos me tomaron por sorpresa. Muchas manos me empujaron hacia atrás.

Me arrastraron y me metieron en un cuarto oscuro. Ahí estuve. Sentía el sonido del mar al frente y de vez en cuando, lo que presumo que era un coco caía sobre el techo reforzado con un golpe seco haciendo un estruendo.

“Mi hermano. Mi pobre hermano” sentí las lágrimas rodar tibias por mi cara. ¿O era sangre?

Me calmé. En algún momento saldré de aquí y partiré en pedazos al maldito reverendo pensé.

No sé si fueron siglos o segundos el tiempo que estuve sentado ahí dentro. La cerradura de la puerta sonó y me levanté dispuesto a matar al reverendo apenas lo vi entrar, pero no pude.

Caminé hacia él y a pesar que estaba a pocos pasos de mí, tardé en llegar. Me sonrió mientras me miraba y de nuevo, me puso las manos en las mejillas.

“Maldito hombre te odio” pensé.

Y dijo “eres bienvenido. Estabas roto, pero has sido remendado y nosotros te aceptamos”

Mi pobre hermano, pensé.

“Ya estás remendado” dijo el reverendo.

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La mejor poesía

En busca de cómo escribirte la mejor poesía
Me encontré con mis miedos
Aquellos que desataste desde la primera vez que mis ojos te vieron
No fue hasta este entonces que comprendí que de ti me enamore primero y que la mejor poesía seria escribir en tu corazón que si te vas me muero.

– BNB –

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Historia

 Caminaba por la calle, sin rumbo y sin metas, vagando solo, siempre me gusta mirar a las personas que pasan, porque soy persona de gustos simples, me gustan las mujeres, siempre veo mujeres muy bonitas, pero se que no las volveré a ver, de vez en cuando siempre hay una que llamá mucho mi atencion, pero como dije, pasa casi diario, talvez soy una persona que se enamora facil, o solo quiere tener alguien que lo quiera. El punto es, caminando por la calle viendo a todas las personas pasar, me tropiezo con alguien, estaba muy apenado y le pido disculpas, pero resulta ser de esas personas que me llaman la atencion, y esta vez tenia que hacer algo para entablar una platica, porque me parecia una persona muy interesante. Antes de seguir tengo que contarles que si, es otra historia dd amor,y si, ah pasado esto antes, eh tenido una experiencia igual, una chica que me atraia mucho, decidi intentar algo por primera vez, pero termine como cualquier persona que no sabe nada ni tiene experiencia, con el corazon roto, y yo que me aferro mucho a mis metas esa chica era como una meta para mí, y nunca pude olvidarla por completo,porque aunque no sea para mi, yo sentia que ella tenia que serlo, porque no importaba que pasaba, esa persona hacia el dia mejor. El punto es que decidi hablar con la persona a la cual habia literalmente atropellado hace unos segundos, y fue algo incomodo la verdad, pero me sentí bien.
Da la casualidad que al siguiente dia estaba en el mismo lugar en el que habia estado el dia anterior, y tambien fue una casualidad que volví a ver a esa persona, decidi volverle a hablarle y preguntarle porque pasó denuevo por aqui, ella salia del trabajo para su casa, ella tambien me pregunto porque, yo obviamente dije una estupidez de excusa, le empece a hacer preguntas muy tontas, pero ella parecia seguirme la corriente, me encantaba, me encantaba estar con alguien que aun sin decir nada bueno intentaba seguir la platica, me hacia sentir que realmente le interesaba. Y así fue diario, yo yendo al mismo lugar, inventando excusas de porque voy ahi cuando solo voy para verla, haciendo mis temas de conversacion extraños e incomodos,  cada vez gustandome más como era conmigo. Un dia decidi hacerlo, le dije que si queria ir a algun lugar en algun momento, ella acepto, fuimos, hablamos, nos divertimos,bueno almenos yo, y nos fuimos, por un momento me sentia muy bien y sentia que esta persona iba a tapar el hueco de la persona anterior que creia que nunca iba a irse de mi mente y mi corazon, era feliz, pero despues de un tiempo dejo de ir al mismo lugar de siempre, Yo estaba preocupado, pero como sabia su ruta diaria sabia hacia donde estaba su hogar, pregunté por todas las casas de la zona, hasta que encontré a la madre de la chica, me dijo llorando, que murio.
No sabia que hacer, sentia que la vida me odiaba y queria que no estuviera con nadie, ahora vagaba solo una vez mas, iba a la misma ruta a esperar si llegaba, aun sabiendo que no iba a pasar, y así por muchos dias.
Estaba yo caminando por la calle, sin rumbo y sin metas, vagando solo, me gusta mirar a las personas que pasan, y mientras miraba, me tropece con una chica….

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La Criatura Del Tiempo (1ªParte)

Hoy comienzan las deseadas vacaciones de verano. Se terminó el colegio, los madrugones, los deberes y los exámenes hasta dentro de tres meses. Por fin libertad. Bueno, algunos deberes tengo, pero desde muy pequeña me han acostumbrado a hacerlos nada más llegar a casa, así me queda el resto del día libre sin preocupaciones.

Estoy en el autobús del colegio, a quince minutos de mi casa. En cuanto llego, me preparo un bocadillo de chocolate con un batido de fresa. Vivo con mis padres y mi hermano mayor Sakk, aunque ahora mis padres están trabajando y mi hermano está con su novia, según dijo ayer en la cena. Por tanto, estaré sola unas horas. Siempre he sabido cuidar de mí misma desde muy pequeña, y ya tengo doce años.

Al acabar de hacerme la merienda; me dirijo al salón, apoyo la comida en la mesa, abro mi mochila para sacar los deberes y mientras como, los hago. Una hora y media después hago un descanso y me voy afuera. Me siento en las escaleras de la entrada a jugar con mi perrita Eira. Minutos más tarde, escucho la deceleración de un coche que se va aproximando a mi casa, son mis padres; mamá me llama una vez han aparcado para que les ayude a descargar la compra que han hecho.

Por la noche en plena cena, mi padre me dice si quiero acompañarlos a casa de mis difuntos abuelos, mañana por la mañana. La casa está en un pequeño pueblo de apenas veinticinco habitantes, y debemos ir para recoger unas cosas antes de que se estropeen aún más de lo que seguramente ya están.

Mi abuelo murió en la Tercera Guerra Mundial, un año antes de que esta terminara, que duró cinco años, hasta 2049. Y mi abuela falleció en 2051 por una infección bacteriana que condujo a la sepsis que sufrió. Mis padres vivieron con ellos, y después de fallecidos siguieron habitando en esa casa, hasta 2062, cuando se produjo un temblor que debilitó su estructura. Apareció una grieta desde el establo donde antiguamente tenía el ganado, hasta la casa, desde entonces se ha considerado inhabitable. Nunca había entrado en ese lugar, y tengo muchas ganas de ir, así que le digo que sí.

A la mañana siguiente, desayunamos y nos dirigimos hasta allí. También viene mi hermano, que llegó a casa de madrugada no muy tarde. En cuanto llegamos, abrimos el portal con las llaves que tiene mi padre y luego accedemos a la propiedad, bajamos del coche y abrimos la puerta de la casa. Con la abertura, apreciamos un cambio de temperatura bastante notable. No creo que me equivoque al decir que hace diez grados menos en el interior con respecto al exterior. Papá entra primero por si aparece algún peligro. Al cerciorarse de que todo es seguro, entramos los demás. Mis padres y mi hermano suben las escaleras hasta la primera planta, siguen recto y entran en el comedor, donde hay varias cajas con fotos plastificadas dentro, cuadros viejos e infinidad de artilugios más. Yo subo detrás de ellos, pero me paro en una habitación a mi izquierda. En ella veo; discos antiguos, muebles… o eso es lo que aprecio a simple vista. Avanzo, ojeando lo desconocido. Diviso un mueble con cedés de música de cantantes que ya han muerto o son ahora viejísimos, los conozco porque mi madre los escucha muchas veces en un antiguo lector de discos que aún conservamos. Sigo admirando el resto de la habitación maravillada por muchas cosas que son basura para mi padre, pero que para mí son como un tesoro vetusto. Rebuscando aún más, observo una caja de cartón de color castaño claro. La abro, contemplando algo insólito que me deja sorprendida. Sobre una capa de papeles triturados, me encuentro con una pequeña criatura de color añil, que jamás había visto en documentales, revistas, periódicos ni nada por el estilo. El ser me mira, sus ojos son del mismo color que su cuerpo, e incluso diría que más oscuros. Sin embargo, lo que me provoca un nudo en la garganta es lo que pasa a continuación.

—No me hagas daño, humano ­—articula lentamente.

Tardo en reaccionar un poco.

—Tra…tranquilo, no voy a hacerte nada malo —susurro con un leve tartamudeo— ¿Qué eres?

En ese instante mi hermano entra en la habitación sin previo aviso.

— ¿Con quién hablas enana?

—Conmigo misma, ¿pasa algo? —respondo rápido cerrando la caja.

—Cada día eres más rara…. Dice papá que ya nos vamos.

Tras la información me mantengo callada, viendo como mi hermano regresa con nuestros padres.

De nuevo abro la caja.

— ¿Quién era ese? —pregunta el adorable…lo que sea.

—Mi hermano. Es inofensivo, no te preocupes. Aunque un poco tonto.

Se ríe con un agudo tono de voz.

— ¿Comprendes las burlas? —Le pregunto curiosa.

—Entiendo todo lo que dice un humano.

— ¿Como puede ser posible eso?

—¡¡Que bajes, enana!! —grita Sakk desde el final de las escaleras.

Le propongo al animalito si quiere venir a mi casa, y él, aunque un poco asustado, acepta. Vuelvo a cerrar la caja y me la llevo. En el coche mi hermano intenta husmear en ella, pero yo no le dejo, así que se queda sin descubrir nada. Al llegar a casa, voy a mi cuarto con la excusa de estudiar un poco. Mis padres no se oponen, pero me avisan que en una hora vamos a comer. Cierro la puerta y abro la caja. Veo algo desconcertante, una piedra preciosa de color añil, con una forma muy parecida al del ser que antes habitaba la caja. No entiendo lo que ha pasado, ¿Dónde está la criatura?

Abro mi portátil con rapidez y empiezo a buscar en internet, utilizando palabras clave que puedan sacarme de dudas. Encuentro una web de teorías rechazadas científicamente entre las cuales, aparece una que llama mi atención. En ella se habla sobre seres transtemporales; emergen de túneles temporales que pueden aparecer en cualquier lugar y por cualquier circunstancia. Además, pierden toda esencia de lo que son si se les separa del lugar de donde surgieron, transformándose en cualquier cosa. Vuelvo a cerrar la caja y planifico un viaje a casa de mis abuelos.

Mi madre me llama para ir a comer. Al acabar, cojo un pequeño envase de plástico sin que me vean mis padres y lo lleno con algo de comida que sobró. Luego preparo una mochila: meto en ella el recipiente con la comida y la caja, también llevo una botella pequeña de agua. Digo en casa que voy a dar una vuelta con la bicicleta. Con el casco en la cabeza, la mochila a la espalda, mi identificación, el móvil y por supuesto las llaves que dejó mi padre en el porta llaveros, me voy.

Recorro los diez quilómetros y medio que hay desde mi casa a la de mis abuelos. Al llegar apoyo la bici en una pared de piedra al lado de la puerta de entrada, la abro y subo las escaleras hasta la habitación en la que estuve por la mañana. Allí destapo la caja y vuelvo a ver al animal como al principio.

— ¿Ya estamos en tu casa? —me pregunta.

—Te llevé, pero te habías convertido en algo parecido a un zafiro. ¿Cómo es eso posible?

—No lo sé. Salí a la superficie el día en que todo se estremeció. Solo sé que después del destello, todo cobró sentido para mí.

— ¿El día en que todo se estremeció? —Repito recordando algo— ¿Te refieres a un terremoto?

—Sí.

—El último fue en el año… ¡¿llevas veinte años aquí solo?!

—Hace mucho que no llevo la cuenta —Expresa cabizbajo— pero el tiempo ha sido muy largo y tedioso.

La pobre criatura no solo no puede salir de esta zona si no que ha tenido que soportar una odiosa soledad durante años.

—No me compadezcas —prosigue— la soledad no es cruel, te ayuda a conocerte mejor.

—Sí. Pero demasiada puede sobrepasarte —le replico yo.

—No ha sido tan malo, he visto muchos animales terrestres y voladores. Aunque entre estos últimos hay unos en concreto que no son nada amigables. Salen de noche y he visto cómo sus garras destrozaban a otros animales más pequeños. Un día que salí a buscar alimento, casi me atrapan… me salvé por los pelos de ser la comida de uno de ellos. A partir de aquello, salgo cuando el sol está más alto.

— ¿Y qué sueles comer? Le pregunto curiosa.

—Insectos. Por este lugar proliferan debido a la vegetación. También me alimento de la fruta de un árbol plantado aquí al lado y al mismo tiempo sustraigo de ella el agua que necesito.

— ¡Espera! ¿Comes bichos?

—Pues sí. —Responde tranquilo— Tienen muchas proteínas y proporcionan bastante energía.

—Puaj. —Digo asqueada— hoy no creo que cene.

—No sabes lo que te pierdes —expresa orgulloso.

—Pues que siga siendo así. Cambiando de tema, aún no me has dicho tu nombre. ¿Y cómo sabes hablar tan bien? —le pregunto.

—Me llamo Leimdoru, pero llámame Leim. Puedo crear vínculos sinápticos con otras especies para establecer una conversación y un entendimiento, de este modo podemos comunicarnos sin ninguna dificultad.

—Encantada, Leim. Pero de ser así, puedes relacionarte también con otros seres y hacerte amigo de ellos.

—Mi capacidad intelectual llega a extremos en los cuales es incapaz de establecer ilaciones con otros seres de este planeta, a excepción de los humanos, cosa que he comprobado hoy.

—En otras palabras, que puedes comunicarte con otras especies pero deben ser suficientemente complejas para que haya una comunicación lógica entre ambos.

—Digámoslo así, si. Es como si tú intentaras tratar con tu gato; entenderá algunas cosas, jugarás con él y te divertirás, pero si pretendes hablarle de las leyes de la termodinámica, seguro que se te queda mirando de manera fija y con las orejas izadas.

—Yo no tengo gato. Pero si una perrita.

Leim se queda mirándome, instantes después mira hacia otro lado y suelta un suspiro.

—Era un paradigma —Dice con un perceptible decaimiento de ojos y bigotes.

—Tengo doce años, aun me cuesta entender las metáforas —me río un poco avergonzada—. ¿As intentado alguna vez alejarte de este sitio?

—Sí. En dos ocasiones me alejé para inspeccionar más allá de este paraje, pero a medida que me distanciaba, mi cuerpo empezaba a paralizarse, y mis sentidos se nublaban. Nunca di tiempo a que todo empeorara, y nunca quise arriesgarme más, hasta hoy. No creí que me fuera a pasar algo al ir dentro de la caja, pero no solo sentí lo mismo que las anteriores veces, si no que de pronto, dejé de sentirlo todo, hasta que te vi abrir la caja de nuevo.

Le comento si le gustaría hacer un experimento, y él, aunque receloso, acepta. Le cedo mi mano para que suba en ella, luego lo llevo al exterior y lo voy alejando muy despacio. Observo cómo se empieza a desorientar, confirmando al instante su relato.

­—No temas, confía en mí —le digo.

Veo como en seguida se desploma en mis manos, y contemplo atónita lo que ocurre después. Leim se va transformando paulatinamente en el zafiro, es precioso. Doy media vuelta, a medida que avanzo hacia la casa, la piedra se convierte de nuevo en él.

— ¿Has averiguado algo? —Me pregunta una vez consciente y cambiada su forma.

—Creo que sí. No debes traspasar el portal, tienes que quedarte dentro de esta zona.

Cuento los pasos que hay desde ese límite hasta la casa, midiéndolos lo mejor posible.

— ¿Qué haces? —Me pregunta interesado.

—Shhh. No me desconcentres.

Llego a la puerta e inicio mis cuentas mentales en voz alta.

—A ver. Son cuarenta y dos pasos, a un metro cada paso, da cuarenta y dos metros.

— ¿Has tenido que pensar eso para resolver la incógnita? —exterioriza Leim sarcástico.

—Calla. —Ambos reímos.

Al menos ya sabemos algo. Hablo rato y tendido con mi nuevo amigo Leim. Él me enseña toda la casa mientras yo le cuento que era de mis abuelos. El suelo cruje por varias zonas, pero Leim me confirma que no hay peligro, examinó toda la casa y el máximo riesgo es en el establo, donde el temblor hizo más daño. Todos los días lo visito, y dos semanas después le planteo echar un vistazo al establo. El se niega.

—Vamos Leim, ¿y si todo comenzó allí? Tal vez se encuentren ahí las respuestas que estás buscando.

— ¡He dicho que no! —Insiste enfadado— Se puede desmoronar en cualquier momento.

—Si no lo ha hecho en veinte años, no creo que lo haga justo hoy. Solo un vistazo de cinco minutos, anda.

Leim se mantiene callado y pensativo.

—Solo cinco minutos, ni uno más —recalca.

—Te lo prometo.

Caminamos hacia ese lugar, hasta adentrarnos en él. Lo primero que veo son las zonas individuales donde el ganado dormía, hay al menos catorce. Continuamos profundizando y en uno de los pasos tropiezo con la grieta, sin llegar a caer. Leim y yo la seguimos para ver hacia donde nos lleva. A medida que avanzamos se va ensanchando más, y termina en una de las estancias, casi al final del pasillo. Entramos en ella y vemos algo sorprendente; una trampilla de madera algo carcomida por las termitas y el tiempo. De pronto, vemos unos leves destellos que asoman de manera intermitente por los bordes de la madera y alguna de sus fisuras.

— ¿Qué es eso? —Pregunta atemorizado Leim.

—Vamos a averiguarlo. —Le respondo resuelta.

Con el corazón saliéndome del pecho, mi cuerpo temblando nerviosamente y mis manos con la intención de retroceder, la abro de un gesto rápido y seco. La inmensa luz nos hace apartar la mirada, pero en cuanto las pupilas se contraen y se acostumbran a esa luminosidad, advertimos unas escaleras. Con curiosidad y temor, las bajamos, oteamos al frente, y descubrimos algo asombroso y a la vez desconcertante, una resplandeciente singularidad.

 

Continuará…

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El Despertar de una Rosa

“Erase una vez”… “¿había una vez?” O tal vez sea bien escribir “en cierta ocasión”. Pero ninguna de estas formas sirve para iniciar este cuento; pues no es un pasado, ni en realidad ocurrió. Son solo las memorias de una anciana, unas memorias que con certeza soñó, imaginó o pasódonde la fantasía tiene lugar.

Cuenta, que no veía nada, solo escuchaba muchas palabras que no reconocía. Después de unas horas noto algo interesante; su corazón no latía, no sentía sus manos, tenía en todo su cuerpo una sed estremecedora, percibíasus piernas firmes, y como si subiera una descarga de energía fría desde los dedos de sus pies hasta finalizar su cabeza.

 Ella pensaba:¿Estaré muerta? , y en ese pensamiento se dio cuenta que le era imposible mover sus labios. De repente, escuchó una voz aguda y en un tono burlón: – “Así mireshacia arriba nadie te va a querer, tu color expresa solamente horror “– A lo que aquella anciana reaccionó curveando su cabeza hacia atrás para intentar mirar hacia arriba, como la dichosa voz había dicho. Entre más se erguía, mas veía… y de pronto su vista se hizo clara.Vio que se encontraba en una tienda y que tal vez estaba sentada en una silla,pues se sentía mucho más baja y pequeña que las otras personas que estaban allí.

Pensó, tal vez si trato de gritar, alguien me mire y me ayude a moverme. Intentó e intentó, con todas sus fuerzas pero nadie la escuchaba. Entonces de repente alguien dijo:- Nadie te escuchara, solo nosotras te escuchamos – La anciana rápidamente intento responder, pero las palabras solo estaban en sus pensamientos. Después de unos minutos escuchó: – Escuchamos lo que piensas, así como tu escuchas nuestros pensamientos – La anciana giró muy lentamente sus ojos hacia el lugar donde escuchaba las voces, y de repente para su sorpresa, habían unas rosas gigantes, de varios colores, su tamaño era tan grande que su flor era casi como su cabeza. Totalmente atónita, la anciana transmitió sus pensamientos a las rosas para comprobar si contestaban.

  • ¿Ustedes son las que me hablan?
  • Si, ¿Por qué estás aquí?
  • No lo sé, nunca recuerdo haber venido.
  • Aquí todas llegamos porque en algún momento lo quisimos.

En eso ella comenzó a recordar, un hospital, una enfermera, el sonido de un monitor cardiaco, sus manos viejas y un inmenso dolor que la aquejaba. Como un abrir y cerrar de ojos vio el momento en donde su corazón dejó de latir y en ese momento, miró dos personas que la miraban con desdén, pero no comprendía las palabras que decían; entonces una rosa roja esplendorosa con el mismo tono agudo que escucho al principio dijo: – Jamás te llevaran debiste hacer algo muy malo para tener ese color jajaja – . Entonces la anciana se miró a sí misma, y se dio cuenta que era una rosa de color negro; impotente de llorar, gritar o moverse, comenzó a hablar con las otras rosas.

  • ¿Porque estoy aquí?
  • No lo sabemos, eso solo lo sabes tú.
  • ¡Ayúdenme, por favor, no quiero estar aquí, yo soy humana!
  • No podemos ayudarte.

Ante tal problema, ella entró en desesperación, y con todas sus fuerzas trato de caminar, de repente sintió un vacio, un estruendo, unos gritos y se vio en el suelo, cubierta de agua y rodeada de vidrios rotos, de alguna manera había podido moverse y como era una rosa cayó al suelo junto con el jarrón de vidrio que la contenía. Unas manos suaves la recogieron y la ubicaron en un florero lleno de margaritas, mientras ella en sus pensamientos solo se preguntaba el porqué estaba allí. Una de las otras flores la oyó, y le dijo: – No te preocupes, aquí estamos a la espera de que una persona nos compre y nos lleve para darle alegría a su hogar, para volver a sentir que somos útiles. Yo también era humana y por un accidente quede sin poder caminar, entonces termine aquí, no aprecie mi vida humana porque no me sentía útil sin poder caminar.

Unos días después, ya aceptándose como una rosa negra, recapituló y comprendió porque tenía ese color. Ella había sido una mujer egoísta, una mujer de dinero que humillaba y maltrataba a sus empleados, que nunca escuchó a sus hijos y que no tenía ni siquiera un amigo, por lo que al no sentirse útil postrada en la cama de un hospital, deseó morir. Aceptando ya su destino, pues siendo una rosa de color negro se marchitaría en ese lugar, comenzó a arrepentirse de corazón y para reivindicar lo que había hecho como humana; ayudaba a las nuevas flores que llegaban, dándoles esperanza y tranquilidad.

Entonces un día cuando ya ni el agua la hacía erguir, y sus pétalos estaban tornados de color tostado; llego a la tienda un joven muy triste, y la compró. De camino a casa ella noto que aquel joven tenía un semblante extraño y frágil, después lo vio escribir una nota de despedida, aquel joven iba a terminar con su vida y ella iba a ser la acompañante de aquella nota. Así fue como la rosa negra sabiendo que aquella catástrofe sucedería, juntó toda la energía que le quedaba y así se marchitara y ella muriera, trataría y haría hasta lo imposible por evitar que aquel muchacho pereciera.

Con toda su energía, gritó – ¡No lo hagas, debes valorar la oportunidad de vivir, pues así los demás no tevaloren, y no vean lo que sientes, tú mismo debes saber que eres útil si haces bien a los demás! Espantado, aquel muchacho salió de allí corriendo mientras aquella rosa comenzó a ver negro nuevamente, y sintiéndose débil, sabía que había hecho lo correcto.

De pronto, abrió sus ojos nuevamente, y se dio cuenta que ya no era una rosa, estaba nuevamente en aquella habitación de hospital.

 Entonces agradeció junto a la enfermera que estaba allí, el despertar de un largo sueño.

 

 

Autor: Liz León

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